El general Beigbeder





Siempre que hablamos de personajes alcalaínos o vinculados a nuestra ciudad, solemos tener la tendencia innata (y yo el primero) a fijarnos en épocas pretéritas, ignorando de una manera inconsciente a quienes están mucho más cerca de nosotros en el tiempo. Sin embargo, en nuestro siglo han existido personas que, en ocasiones, han sido prácticamente contemporáneos nuestros, y sin embargo suelen ser desconocidos para la mayor parte de nosotros, personas que merecen un recuerdo puesto que fueron importantes y dejaron su huella.

Éste es el caso de la persona cuyo esbozo biográfico pretendo recoger aquí, un ilustre militar estrechamente vinculado con Alcalá; me estoy refiriendo al general Juan Luis Beigbeder Atienza, el cual desempeñó a lo largo de su vida varios importantes cargos, tanto militares como políticos. Aunque son varias las referencias biográficas suyas que pueden ser encontradas en diferentes enciclopedias, para la redacción de este trabajo conté con la inestimable ayuda de su hija, doña María Beigbeder Fedriani, ya fallecida, la cual me aportó amablemente documentos tan importantes como una copia de su hoja de servicios, amén de relatarme anécdotas personales de su padre que no figuran en ningún lugar por escrito. Vaya pues desde aquí mi agradecimiento a esta alcalaína cuya ayuda me ha resultado fundamental.

Comencemos, pues, con la biografía del general Beigbeder. Aunque he llegado a leer en algunos trabajos que este militar era natural de Alcalá, su hija me confirmó que se trataba de un error, puesto que en realidad Juan Luis Beigbeder nació en la ciudad de Cartagena el 31 de marzo de 1888 hijo del teniente de navío de primera don Juan Beigbeder Leford y de doña Juana Atienza Herrera. Aunque su padre era natural de Sanlúcar de Barrameda, localidad andaluza donde estaban radicados los Beigbeder desde finales del siglo XVIII, su familia procedía del Bearne, es decir, de la Navarra francesa, lo que explica el origen francés de su apellido.

Juan Luis Beigbeder, huérfano de padre desde los doce años y el mayor de tres hermanos, intentó en un principio ser marino como su padre, pero el cierre de la Escuela Naval le encaminó hacia el Ejército de Tierra. Habiendo ganado una plaza en la Academia de Artillería y otra en la de Ingenieros, optaría por esta última ingresando en este centro el día 1 de septiembre de 1902, con catorce años de edad. La Academia de Ingenieros estaba radicada entonces en la vecina ciudad de Guadalajara, y allí permanecería como alumno hasta el día 7 de julio de 1907, fecha en la que obtuvo el grado de Primer Teniente de Ingenieros. Su primer destino militar, una vez abandonada la Academia, fue el 4º Regimiento Mixto de Ingenieros, y más concretamente una compañía de Zapadores. Aunque su hoja de servicios no especifica la ciudad en la que entonces estaba acantonado el citado Regimiento, gracias a la amabilidad de dos lectores1 de este artículo he podido saber que se trataba de Barcelona.

Tras varios destinos militares entre los que se encontraría su primer contacto con África (Melilla, 1909) donde entonces, recordémoslo, había una cruenta guerra colonial, en enero de 1910 se incorporaría a la Escuela Superior de Guerra, donde iniciaría una nueva etapa como alumno el día 11 de ese mismo mes. No figura en su hoja de servicios, pero sí me lo confirmó su hija, que Juan Luis Beigbeder participó en la famosa batalla del Barranco del Lobo (27-7-1909), tan desastrosa para las armas españolas y también para el futuro general, puesto que en ella falleció su hermano José Miguel, perteneciente al arma de Infantería, el cual había estado destinado con anterioridad en el alcalaíno cuartel de Mendigorría. Condecorado con la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo y propuesto para el ascenso a capitán, Beigbeder continuaría estudiando en la Escuela Superior de Guerra. Dos años más tarde, en 1912, terminaría sus estudios alcanzando el grado de capitán de Ingenieros, siendo destinado de nuevo a África, esta vez a la ciudad de Ceuta.

Fijemos ahora nuestra atención en la vinculación de Beigbeder con Alcalá. Residente en Madrid durante su etapa de estudiante de la Escuela Superior de Guerra, conoció en la madrileña iglesia del Cristo de Medinaceli a un sacerdote filipense, el padre Alfonso (no he conseguido averiguar el apellido), perteneciente al oratorio de Alcalá. Este sacerdote, que era su confesor, le trajo a nuestra ciudad presentándole a la que luego sería su esposa, doña María Fedriani y Martín Esperanza, perteneciente a una familia de la burguesía local. El matrimonio tendría lugar en el otoño de 1915 (la preceptiva licencia figura en su hoja de servicios con fecha de 29 de septiembre) en la Magistral, entonces radicada provisionalmente en la iglesia de Jesuitas (actual parroquia de Santa María) a causa de las obras de restauración que tenían lugar en la misma. Hay que reseñar que Beigbeder nunca estuvo destinado en Alcalá pero sí residió en nuestra ciudad durante las temporadas en las que su profesión le condujo a Madrid, cosa lógica puesto que la familia de su madre política estaba sólidamente arraigada en Alcalá; como dato reseñable cabe recordar que su casa, que aún hoy conserva su hija, estaba -y está- situada en el número 12 de la calle de Santiago, esquina a Imagen.



Casa del general Beigbeder, en la calle de Santiago


Puesto que la brillante carrera militar de Beigbeder fue tan intensa que no podría ser relatada en su totalidad aquí, me limitaré a reflejar los jalones principales de la misma: Capitán de Estado Mayor desde 1914, Beigbeder se distinguiría en diversas campañas de la guerra de África, a la que se reincorporó justo después de casarse ya que en la hoja de servicios aparece citado en una acción militar (la ocupación de Dhar Manalien) el 5 de octubre de 1915. En 1917 volvería a la península siendo destinado a la capitanía general de la 5ª región militar, con sede en Zaragoza, para sólo unos meses después pasar al Estado Mayor Central del Ejército. Comandante en 1918, ese mismo año sería nombrado ayudante de campo del general Berenguer, entonces ministro de la Guerra, acompañándole a África cuando éste fue nombrado en 1919 Alto Comisario de España en Marruecos.

Beigbeder participaría activamente en la guerra de Marruecos, entonces en su momento álgido, siendo responsable de la defensa de Melilla a raíz del desastre de El Annual (21-7-1921). Continuaría destinado en el norte de África hasta enero de 1923, fecha en la que fue trasladado a la capitanía general de Canarias terminando brillantemente su etapa africana.

1924 supondría el inicio de una nueva etapa en la carrera militar de Beigbeder con su destino a la Escuela Superior de Guerra de París, pasando un año más tarde a cursar estudios en la Escuela de Lenguas Orientales de la capital francesa, para en 1926 retornar a España siendo nombrado, en octubre de ese mismo año, agregado militar de la embajada española en Berlín. 1928 sería el año de su ascenso a teniente coronel, y en 1929 se le nombraría también agregado militar en Checoslovaquia, Austria y Hungría con residencia en Berlín.

El advenimiento de la II República en 1931 no supuso para Beigbeder modificación alguna ni en su grado de teniente coronel ni en su cargo de agregado militar, prestando promesa de fidelidad a la República tal como ordenaba la legislación entonces vigente. Al fin, el día 1 de octubre de 1934 cesaría como agregado militar en Berlín por haber cumplido el tiempo reglamentario en el cargo, siendo destinado de nuevo a Marruecos fijando su residencia en la ciudad de Tetuán.

De nuevo en el protectorado norteafricano, al estallar la guerra civil en julio de 1936 se sumó a la sublevación militar colaborando con el general Yagüe al tiempo que asumía, el mismo día 19 de julio, el cargo de Delegado de Asuntos Indígenas consiguiendo la cooperación de la población marroquí, lo que le permitió organizar el voluntariado árabe (las tropas moras) que tan útiles le resultaran al ejército nacional en el transcurso de la guerra. Beigbeder permanecería en Marruecos durante toda la guerra civil, siendo nombrado Alto Comisario de España en Marruecos el 13 de abril de 1937 y ascendiendo a coronel de Estado Mayor el 24 de marzo de 1938.

Apenas había terminado la guerra civil en abril de 1939, cuando en agosto de ese mismo año era nombrado Beigbeder ministro de Asuntos Exteriores, el primero del nuevo régimen implantado por los vencedores. Ejerciendo ese cargo le sorprendió el estallido de la II Guerra Mundial (septiembre de 1939), siendo sustituido por Ramón Serrano Súñer, cuñado de Franco, en octubre de 1940; al parecer sus simpatías por los ingleses, en unos momentos en los que las tropas de Hitler se hacían las dueñas de Europa, habrían sido la causa de su cese, siendo sobradamente conocida la germanofilia de su sucesor en el cargo. Nada dice la hoja de servicios de lo acaecido a Beigbeder, a raíz de su cese y durante los años 1941 y 1942, salvo que se encontraba “a las órdenes del Excmo. Sr. Ministro del Ejército”, aunque varias obras consultadas indican que se retiró de la vida política y militar. Su labor como ministro de Asuntos Exteriores en tan difíciles momentos fue en general alabada, y su hija me afirmó que el general Beigbeder fue el promotor del Pacto Ibérico suscrito entre los gobiernos de España y Portugal recién acabada la guerra civil.

De vuelta a la hoja de servicios le encontramos, con fecha de 1 de febrero de 1943, de misión militar en los Estados Unidos de América, y ascendido a general de brigada de Estado Mayor en septiembre de ese mismo año. Lamentablemente ignoramos cuál pudo ser la naturaleza de esa misión, aunque cabe suponer que tendría que ver con el acercamiento del régimen franquista a los aliados, iniciado cuando la suerte de las tropas alemanas comenzó a palidecer. Permanecería destinado en los Estados Unidos hasta febrero de 1945, retornando a España para volver a estar de nuevo “a las órdenes del Excmo. Sr. Ministro del Ejército”, lo que ha de interpretarse como que no recibió ningún destino, ya que la única actividad que figura en su hoja de servicios entre 1945 y 1950, fecha de su pase a la reserva, es la de la ejecución de un curso de aptitud para el mando de un Cuerpo de Ejército, el cual tendría lugar entre 1946 y 1947.

Tras su pase a la reserva, en abril de 1950, nada indica ya la hoja de servicios, sabiéndose por otras fuentes que se retiró a la vida privada dedicándose al estudio y a la industria. De esta discreta manera viviría Beigbeder los últimos años de su vida, falleciendo en Madrid el día 6 de junio de 1957. Fue enterrado un día más tarde en la madrileña Sacramental de San Justo, aunque ignoro en cual de los patios (los distintos cementerios en los que está subdividida la Sacramental) se encuentra su tumba al no venir reseñado su nombre en el libro El cementerio de la Sacramental de San Justo de Madrid, de Juan Antonio Pino; en todo caso, no creo que fuera demasiado difícil localizarla, si así se desea.

No puedo terminar este artículo sin hacer referencia a la faceta intelectual del general Beigbeder, tan importante como la profesional máxime en una época en la que los militares españoles no descollaban por lo general en ese campo; fruto de su larga estancia en Marruecos fue su perfecto dominio de los idiomas hablados en ese país, árabe clásico y vulgar y cherja, la lengua de los bereberes del Rif. Asimismo conocía perfectamente la sociedad y la cultura marroquíes, lo que le permitió mantener un estrecho contacto con los habitantes del protectorado que traería como fruto la fidelidad de los mismos a las tropas nacionales durante el período de la guerra civil. De su estancia en distintos países europeos y en Norteamérica se trajo el dominio de idiomas tales como el inglés, el francés, el alemán, el italiano o el ruso, a la par que su conocimiento de los ejércitos más avanzados de su época hubo de brindarle necesariamente una perspectiva nada frecuente entre sus compañeros de armas.

Ésta fue, a grandes rasgos, la vida del general Juan Luis Beigbeder, un alcalaíno de adopción que brilló con luz propia en una etapa difícil de la historia de nuestro país.




Addenda



En octubre de 2007 María Dueñas me escribió un correo en el que me indicaba que tenía intención de escribir una novela basada en la vida del general Beigbeder; había leído mi artículo en internet y me preguntaba si podía aportarle algún dato más sobre este personaje. Le respondí que lamentablemente no disponía de más información de la que venía recogida en el artículo y que, puesto que su hija había fallecido soltera y sin familiares inmediatos, había perdido totalmente el hilo de la familia.

Pasó el tiempo, y en julio de 2009 volvió a escribirme para comunicarme que su novela ya estaba publicada, noticia de la que me hago eco al tiempo que invito a leerla a los posibles interesados. Su título es El tiempo entre costuras, ha sido publicada por la editorial Temas de hoy y en su contraportada se lee lo siguiente:


La joven modista Sira Quiroga abandona Madrid en los meses previos al alzamiento, arrastrada por el amor desbocado hacia un hombre a quien apenas conoce. Juntos se instalan en Tánger, una ciudad mundana, exótica y vibrante donde todo lo impensable puede hacerse realidad. Incluso, la traición y el abandono.

Sola y acuciada por deudas ajenas, Sira se traslada a Tetuán, la capital del Protectorado Español en Marruecos. Con argucias inconfesables y ayudada por amistades de reputación dudosa, forja una nueva identidad y logra poner en marcha un selecto atelier en el que atiende a clientas de orígenes remotos y presentes insospechados.

A partir de entonces, con la contienda española recién terminada y la europea a punto de comenzar, el destino de la protagonista queda ligado a un puñado de personajes históricos entre los que destacan Juan Luis Beigbeder -el enigmático y escasamente conocido ministro de Asuntos Exteriores del primer franquismo-, su amante, la excéntrica Rosalinda Fox, y el agregado naval Alan Hillgarth, jefe de la inteligencia británica en España durante la segunda guerra mundial. Entre todos ellos la empujarán hacia un arriesgado compromiso en el que las telas, las puntadas y los patrones de su oficio se convertirán en la fachada visible de algo mucho más turbio y peligroso.

Escrita en una prosa espléndida, El tiempo entre costuras avanza con ritmo imparable por los mapas, la memoria y la nostalgia, transportándonos hasta los legendarios enclaves coloniales del norte de África, al Madrid proalemán de la inmediata posguerra y a una Lisboa cosmopolita repleta de espías, oportunistas y refugiados sin rumbo.

El tiempo entre costuras es una aventura apasionante en la que los talleres de alta costura, el glamour de los grandes hoteles, las conspiraciones políticas y las oscuras misiones de los servicios secretos se funden con la lealtad hacia aquellos a quienes queremos y con el poder irrefrenable del amor.




Una vista actual del puerto y la bahía de Tánger


María Dueñas, según se recoge en la solapa del libro, es una joven escritora nacida en Puertollano en 1964. Es doctora en Filología Inglesa y profesora titular en la Universidad de Murcia. Ha impartido docencia en universidades norteamericanas, es autora de trabajos académicos y ha participado en múltiples proyectos educativos, culturales y editoriales.

El libro, como es sobradamente sabido, ha resultado ser uno de los mayores éxitos editoriales de los últimos años con más de un millón de ejemplares vendidos, a lo que hay que sumar una serie de televisión basada en él y estrenada con notable éxito en octubre de 2013. Dado que en esta España de nuestros pecados es mucho más fácil hacerse famoso siendo futbolista, cantante pop o protagonista de la telebasura, que como escritor, es realmente mucho el mérito de María Dueñas, máxime teniendo en cuenta que se trataba de su primera novela. Por cierto acaba de presentar otra novela, titulada Misión Olvido, con la cual le deseo que tenga tanta suerte como con su predecesora.



Para terminar, permítaseme añadir que tuve el placer de saludarla personalmente durante una firma de libros que realizó el pasado día 29 de septiembre de 2012 en la Librería de Javier, en mi ciudad natal de Alcalá de Henares. Y como una imagen vale más que mil palabras, ahí queda recogida la fotografía que nos hicieron gracias a la gentileza de Javier Rodríguez, propietario de la librería y promotor del acto.




1 Deseo expresar mi agradecimiento a don Salvador Martínez Jiménez y a don Carlos Villarroel por haberme aportado este dato.


Publicado el 4-5-1996, en el nº 1.476 de Puerta de Madrid
Actualizado el 13-11-2013