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Cronología del descubrimiento de los asteroides Como es sabido, la era de los asteroides se inició cuando la noche del 1 de enero de 1801 el astrónomo italiano Giuseppe Piazzi descubría Ceres, el primero y más importante de todos, hoy flamante planeta enano. En realidad lo que buscaban Piazzi y otros muchos astrónomos no era ese modesto astro, sino el hipotético planeta que, según la ley de Titius-Bode, debería haber existido entre las órbitas de Marte y Júpiter. Y puesto que Ceres, salvo por su posición, no cumplía con los requisitos requeridos, siguieron buscando. Jamás se encontraría al escurridizo e inexistente planeta, pero sí se descubrieron más asteroides, muchos más... al terminar 2011 había catalogados más de 310.000, a los que habrá que sumar muchos más ya descubiertos pero todavía no catalogados, junto claro está con los que se sigan hallando en un futuro. Se trata de una cifra realmente mareante que abarca no sólo el tradicional Cinturón de Asteroides situado entre las órbitas de Marte y Júpiter, sino la práctica totalidad del Sistema Solar incluyendo, en los confines del mismo, la abigarrada familia de los transneptunianos. Y aunque lo excesivo de su número hace imposible un seguimiento exhaustivo (quien esté interesado puede visitar la página del Minor Planet Center, donde están todos ellos catalogados), estimo que resultaría interesante realizar un estudio estadístico de la evolución de sus descubrimientos. Así, si consideramos el medio siglo trascurrido entre el descubrimiento de Ceres y la mitad de la centuria, es decir, entre 1801 y 1850, vemos que la nómina de asteroides se incrementó en tan sólo una docena de hallazgos, repartida además de una manera muy irregular; mientras en un principio los descubrimientos de nuevos asteroides siguieron a buen ritmo, de modo que Palas fue encontrado en 1802, Juno en 1804 y Vesta en 1807, habría que esperar nada menos que 38 años, hasta 1845, para que los astrónomos conocieran un asteroide más, Astrea. Concretamente, la relación de estos primeros descubrimientos es la siguiente:
Si se prefiere, se puede seguir la evolución de estos descubrimientos en la siguiente gráfica, en la que se representan con barras verticales los hallazgos realizados cada año, y con puntos y línea continua el número total de asteroides conocidos cada año, la cual dibuja lógicamente una curva siempre creciente.
La razón para esta relativa sequía, teniendo en cuenta la enorme cantidad de asteroides existentes, no es otra que la dificultad para descubrir e identificar a estos pequeños cuerpos siderales con los medios técnicos disponibles en la época, pese a los grandes avances realizados desde que dos siglos antes se inventara el telescopio. Conviene tener en cuenta que las observaciones telescópicas se hacían entonces de forma ocular, ya que no fue sino hasta finales del siglo XIX cuando se generalizó el uso de la fotografía liberando a los astrónomos de la tediosa tarea de estar literalmente pegados al objetivo del telescopio durante noches enteras. Sin embargo, en la segunda mitad de la centuria la situación cambió drásticamente dado que comenzaron a descubrirse nuevos asteroides con una frecuencia que nada tenía que ver con la anterior: nada menos que 450, lo que supone una media de nueve por año aunque, ya a finales de este período, en ocasiones se llegaron a alcanzar los 27, como ocurrió en 1892 y 1893. Como resultado de ello, al terminar 1900, y con él el siglo XIX, había catalogados un total de 463 asteroides. La gráfica refleja la evolución de los descubrimientos siguiendo los mismos criterios que en la anterior. He añadido una línea discontinua vertical de color azul que divide este período del anterior, por lo que los valores correspondientes al mismo son los situados a la derecha de la citada línea vertical.
El siglo XX comenzó con una tendencia similar aunque mucho más pronunciada, fruto sin duda de la ya citada aplicación de las técnicas fotográficas que permitían un registro mucho más minucioso -y asimismo menos cansado- del firmamento en búsqueda de estos pequeños islotes siderales. Tanto es así que en sólo 25 años se pasó de los 463 asteroides registrados en 1900 a los 1.126 de 1925, lo que supone un incremento de cerca de 27 asteroides al año con un llamativo máximo de 49 en 1916, en plena Primera Guerra Mundial, una época sin duda poco propicia para las observaciones astronómicas.
Como curiosidad cabe reseñar que se alcanzó la cifra de mil en 1921, aunque el asteroide catalogado con este número, bautizado con el nombre de Piazzia en homenaje al descubridor de Ceres, figura como descubierto en 1923. Esta discrepancia se debe al hecho de que entre la fecha del descubrimiento de un asteroide y el momento de su catalogación definitiva, una vez que se ha confirmado su existencia y se han determinado sus parámetros orbitales, puede llegar a pasar bastante tiempo, sobre todo si por determinadas circunstancias el asteroide se pierde y no llega a ser redescubierto hasta mucho después, tal como ocurrió con Hermes, detectado en 1937 pero no confirmado hasta 2003, nada menos que 66 años más tarde. Aunque Hermes fue un caso extremo, resulta bastante habitual que se cataloguen con números inferiores asteroides descubiertos con posterioridad a otros, dado que la fecha oficial de descubrimiento es la de la primera visualización, mientras que el número asignado corresponde, tal como he explicado, al orden de su catalogación. Obviamente en un principio este problema no se daba debido al escaso número de descubrimientos, pero ya iniciado el siglo XX comenzaron a surgir estas interpolaciones, por lo general de tan sólo algunos años salvo en casos excepcionales. De hecho el primer asteroide catalogado con fecha de descubrimiento de 1926 es el número 1.064, Aetusa, lo que supone un total de 62 descubiertos en 1925 pero todavía pendientes de confirmar. No obstante, y para evitar complicaciones innecesarias, seguiré de aquí en adelante el criterio de considerar siempre el año de descubrimiento con independencia de su fecha de catalogación. Si damos ahora un salto de otros veinticinco años, comprobamos que al mediar el siglo XX el número de asteroides catalogados era de 2.158, casi el doble de los de 1925. En concreto el incremento fue de 1.032, unos 41 por año, aunque en 1938 se alcanzaron los 99 mientras que en los años postreros de la Segunda Guerra Mundial -sobre todo desde la entrada de los Estados Unidos en el conflicto bélico- y en los de la inmediata posguerra, por razones fáciles de entender, el número cayó en picado: 13 en 1943, 1 en 1944, ninguno en 1945, 1 en 1946 y 4 en 1947, con una tímida recuperación -la media de este período no se recuperó hasta 1950- a partir de 1948.
A partir de ahora necesitaremos acortar los períodos de tiempo considerados, dado que el espectacular incremento de descubrimientos nos impediría apreciar los detalles con suficiente precisión de mantener éstos. Así pues, hemos de considerar ahora la década incompleta comprendida entre 1951 y 1959 -más tarde explicaré las razones de esta selección-, en la cual se pasó de los 2.158 anteriores a los 2.321, lo que supone un incremento de 163 asteroides en nueve años o, si se prefiere, unos 18 por año, un porcentaje bastante inferior a la de la década anterior incluso considerando el parón provocado por la Segunda Guerra Mundial. Era evidente que los métodos de detección clásicos estaban llegando al límite de sus posibilidades, por lo que se necesitaría algún tipo de mejora en los mismos para poder seguir detectando asteroides.
Y el cambio llegó justo en 1960, cuando se empezaron a aplicar técnicas sistemáticas automatizadas para la detección de asteroides, las cuales se beneficiarían más adelante del auxilio de programas informáticos. Los pioneros de estas nuevas técnicas fueron el matrimonio formado por los astrónomos Cornelis Johannes e Ingrid van Houten, que junto con Tom Gehrels comenzaron a descubrir nuevos asteroides, desde el observatorio de Monte Palomar, a un ritmo inusitado hasta entonces, aunque muchos de ellos, tal como he comentado con anterioridad, no serían catalogados hasta muchos años después. El caso es que tan sólo en 1960 fue descubierta la friolera de 1.803 asteroides, casi tantos como los 2.321 conocidos al finalizar el año anterior... contabilizando claro está tan sólo los ya catalogados, por lo que entra dentro de lo posible que esta cifra se pueda incrementar aún más en el futuro. Como referencia de esta singularidad, basta con recordar que en 1959 y 1961 fueron descubiertos, respectivamente, 7 y 8 asteroides. Como consecuencia de este enorme empujón, el total se elevaría hasta los 4.124. Tras la tempestad vendría la calma, por lo que durante la totalidad de la década comprendida entre los años 1961 y 1970 el ritmo de descubrimientos volvería a la normalidad, entendiendo como tal a la frecuencia de los años cincuenta: 303 asteroides, poco más de 30 por año, lo que incrementó el catálogo hasta los 4.427.
A partir de aquí, y durante las dos décadas siguientes, se observa, dentro de un incremento neto de los descubrimientos anuales, la existencia de algunos picos muy marcados, lo que indica que cada vez que se aplicaba un programa de búsqueda sistemático el número de hallazgos aumentaba espectacularmente, volviendo a descender una vez que éste concluía. Así, en la década de los setenta el incremento total fue de 4.960, casi quinientos por año, elevando el número de asteroides conocidos hasta los 9.387. No obstante el reparto fue muy irregular, ya que mientras en 1977 se alcanzaron los 1.367 y en 1973 los 1.272, en 1972 tan sólo se llegó a los 84, y en 1974 a los 91.
En la década de los ochenta la tendencia fue similar, aunque con unos valores mucho más elevados que los de la anterior: 6.481 nuevos asteroides, casi 650 por año, con dos picos destacados en 1981 -1.518- y 1990 -1.220-, aunque todavía inferiores al excepcional valor de 1960, y datos mucho menores en el resto. Al finalizar la década en 1990 el número total rondaba ya los 16.000, concretamente 15.848, y justo en su primer año, 1981, se había alcanzado el simbólico valor 10.000, que le correspondió al asteroide bautizado como Myriostos, término griego que significa, precisamente, diez mil. Por cierto este asteroide había sido descubierto nada menos que en 1951, treinta años antes de ser catalogado, lo que da buena idea del atasco que a estas alturas se estaba ya produciendo.
Sería en la última década del siglo XX cuando comenzara la gran, la sorprendente explosión de descubrimientos, que dejaría casi en anécdota a todos los hallazgos anteriores. Si bien hasta entonces el año más prolífico había sido 1960 con sus 1.800 hallazgos en números redondos, mientras los demás años buenos habían rondado entre los 1.200 y los 1.500, ahora el valor más bajo, el correspondiente a 1992, alcanzó los 1.404 mientras el más alto, el de 2000, ascendió a ¡44.630!, casi tantos como se conocían en total hasta tan sólo dos años antes. Las cifras son auténticamente mareantes: en la década completa se pasó de los 15.848 de 1990 a los 117.628 de 2000, lo que supone más de cien mil -101.780- en diez años o, si se prefiere, más de diez mil por año, desapareciendo además casi por completo los acusados altibajos de las décadas anteriores, ahora sustituidos por un crecimiento prácticamente continuo -tan sólo en tres ocasiones hubo ligeras depresiones- al que no dudo en calificar de exponencial, tal como se puede comprobar en la gráfica correspondiente.
La razón hay que buscarla, una vez más, en un cambio fundamental en los métodos de búsqueda, que pasaron a estar a cargo de sistemas automáticos computerizados, con lo que se perdió definitivamente todo lo poco que pudiera quedar aún de la aureola romántica del astrónomo buscador de asteroides... ganándose a cambio en efectividad. Conviene no olvidar tampoco que, desde 1992, comenzaron a descubrirse un nuevo tipo de asteroides, o planetas menores por seguir la terminología oficial del MPC, los transneptunianos, cuerpos helados que orbitan en los confines del Sistema Solar y cuyo número se estima también muy elevado, aunque debido a su lejanía hasta ahora tan sólo ha podido ser descubierto un pequeño grupo de ellos. El número 100.000, por cierto, fue alcanzado en el año 2000, correspondiéndole a un asteroide encontrado en 1982 -de nuevo el consabido retraso- el cual fue bautizado con el nombre alegórico de Astronáutica. Por último, nos queda considerar la primera década del nuevo siglo XXI, en la que por razones prácticas he incluido 2011, primer año y hasta ahora único de la siguiente, en la cual se puede reseñar como anécdota que, tras ser degradado Plutón a la categoría de planeta enano en 2006, se le asignó el número de catálogo 134.340, humillantemente bajo para un cuerpo descubierto en 1930 y que durante setenta y seis años fue considerado el noveno planeta. A lo largo de estos once años se aprecia un comportamiento singular al verse truncada la tendencia anterior: tras alcanzarse en 2001 casi la misma cifra del año anterior, 43.608, la tendencia es francamente decreciente llegándose a los 1.209 de 2010 por no contar con el simbólico y solitario asteroide descubierto en 2011 el cual cierra por el momento la tabla con el número de orden 310.376. Los asteroides número 200.000 y 300.000, por cierto, siguen todavía sin ser bautizados.
¿Significa esto que los asteroides, o al menos la posibilidad de detectarlos con nuestros telescopios, se están agotando? Ni mucho menos, sino justo lo contrario. Ocurre que ahora mismo la capacidad de detección supera con creces en velocidad a la de catalogación, lo que hace que un ingente número de ellos, ya descubiertos, estén todavía a la espera de ser catalogados, por lo que en años próximos las cantidades correspondientes a esta última década, todavía hoy muy incompletas, sufrirán a buen seguro unos incrementos espectaculares. De hecho la página del MPC daba, al finalizar 2011, la cantidad de 588.934 asteroides descubiertos, cifra que englobaba tanto a los 310.376 ya catalogados como una cifra prácticamente similar -278.558- de asteroides pendientes de catalogación. Así pues todavía hay cuerda para rato, eso sin contar con los más que previsibles nuevos descubrimientos. Por último, recojo en la siguiente tabla el número de asteroides descubiertos cada año y el total de los conocidos hasta ese mismo año.
Publicado el 5-1-2012 |