Redundancia innecesaria

Antes de empezar voy a hacer una aclaración que debería ser innecesaria por lo evidente de mi comentario; pero como siempre se corre el riesgo de tropezar con el talibán de guardia que, imbuido por determinadas ideologías, se empeña en interpretar -es un decir- no aquello que ha leído, sino lo que ha querido leer para permitirle aflorar al inquisidor en potencia que lleva dentro, no estará de más como advertencia no a él, algo completamente inútil, sino a los lectores sensatos que son los únicos que me interesan.
Así pues, que quede claro: apoyo incondicionalmente y sin excepción todas aquellas iniciativas que supongan una ayuda a personas con cualquier tipo de discapacidad, tal como se dice eufemísticamente ahora por mor de la corrección política. Primero por ética y solidaridad, y segundo porque nadie está libre de sufrirla a lo largo de su vida.
No obstante existen cosas difícilmente compatibles con la lógica, y a modo de ejemplo véase este caso. Uno de los colectivos necesitados de ayuda es obviamente el de los sordos, palabra por cierto completamente respetable que nada tiene de peyorativo salvo para determinadas mentes calenturientas empeñadas en cambiarla por el innecesario y forzado eufemismo discapacitados auditivos, que por supuesto me niego a utilizar.
Una de las barreras con las que se encontraron los sordos, infranqueable durante décadas, fue la televisión. Por fortuna los avances tecnológicos permitieron salvarla primero merced al obsoleto teletexto y posteriormente con los subtítulos, opción con la que están equipados los receptores actuales como puede comprobarse buscándola en el menú de configuración del aparato. Porque, y esto es importante, los subtítulos se pueden activar o desactivar, por lo que si no son necesarios no aparecen en la pantalla. Evidentemente es preciso que las cadenas incluyan esta opción en sus emisiones, pero hasta donde he podido comprobar ocurre así al menos en todos los canales principales.
Pero... y aquí es donde empiezo a no entenderlo, desde hace algún tiempo y, detalle éste importante, con posterioridad -al menos en España- a la implantación del teletexto y los subtítulos, ha empezado a aparecer en determinados programas, principalmente informativos, una ventana sobreimpresa en la que un intérprete traduce las palabras al lenguaje de signos... ventana que, a diferencia de los subtítulos, no es posible desactivar si no la necesitas.
Lo chocante es que, como pude comprobar, en todas las emisiones que incorporaban estas ventanas existía también la opción de activar los subtítulos... Así pues, se trataba de una redundancia deliberada y, desde mi punto de vista, innecesaria.
Rizando el rizo tropecé con lo que ocurre en el programa ¿Cómo lo hacen?, un documental que suelo ver con frecuencia. A diferencia de los demás casos su versión original no es en español sino en inglés, emitiéndose traducido. Pues bien, últimamente -supongo que en los episodios correspondientes a las últimas temporadas- aparece también la susodicha ventana, lo cual no deja de ser sorprendente dado que el lenguaje de signos no es universal sino que tiene tantas versiones como sus homólogos orales por lo cual, suponiendo como parece lógico que los intérpretes utilicen la versión inglesa, al ser ésta incomprensible para los sordos españoles salvo en el caso poco probable de que también la entiendan, su utilidad en la práctica resulta nula. Sobre todo, teniendo en cuenta que este programa dispone de subtítulos en español en la totalidad de sus episodios.
He de reconocer que no conozco el entorno de este colectivo ni las preferencias que los sordos puedan tener por uno u otro sistema; y aunque ignoro el grado de precisión del lenguaje de signos, sí he podido comprobar que los subtítulos son una transcipción bastante fiel del lenguaje hablado. En cualquier caso se me podrá objetar que disponer de dos opciones siempre será mejor que contar con sólo una, lo cual en principio podría ser cierto; pero conviene no olvidar que ambas son intrusivas -llamémoslas así- ya que ocupan parte de la pantalla, y todavía más la ventana que los subtítulos; con el agravante de que mientras los subtítulos se pueden desactivar la ventana no, lo cual puede acabar resultando incómodo para quienes no lo necesiten, todavía más al no ser imprescindible la ventana, incluyendo aquellos sordos que pudieran preferir los subtítulos pero no puedan evitarla. Y por ahí deben ir los tiros cuando las cadenas que recurren a ella cuando emiten los programas por dos canales de forma simultánea la incluyen únicamente en el secundario y no en el principal.
O mucho me equivoco, o esta redundancia innecesaria debe tener su origen más en motivaciones políticas y de postureo que en una verdadera necesidad del colectivo implicado; pero ya se sabe que en estos ámbitos -me refiero a los políticos- pedir racionalidad y sentido común es tan sólo una entelequia.
Publicado el 19-9-2025