Prohibido a los ignorantes





Salamanca es una ciudad histórica sede universitaria desde el siglo XIII, lo cual le ha conferido un carácter cultural e intelectual acrisolado a lo largo de casi ochocientos años.

Es por ello por lo que no me extrañó que en lo que fuera una de las puertas de entrada a la ciudad, la más cercana a la catedral, me encontrara con el rótulo de una pequeña calle bautizada con el peculiar nombre de Tentenecio, no sólo con sabor a castellano antiguo sino también con un mensaje tajante, ya que el verbo tener tenía también el significado de detener mientras necio es aquél, según el DRAE, ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber, por lo cual en el lenguaje actual el aviso podría interpretarse como una prohibición a los ignorantes de traspasar las puertas de la sabiduría ancestral de la ciudad.

Sin embargo la realidad es mucho más prosaica, ya que hace referencia a una tradición piadoa atribuida a san Juan de Sahagún, el patrono de Salamanca, que enfrentado a un toro bravo que se había escapado sembrando el pánico por las calles de la ciudad, se plantó ante él diciéndole ¡Tente necio!, tras lo cual la fiera se amansó dejándose conducir dócilmente al corral.

Pero como afirma la conocida frase se non è vero, è ben trovato, no es cuestión de que una tradición, por muy milagrosa que ésta sea, venga a estropear mi interpretación particular; al fin y al cabo ya lo dijo Antonio Machado, que de esto sabía mucho más que yo:

De diez cabezas, nueve
embisten y una piensa.
Nunca extrañéis que un bruto
se descuerne luchando por la idea.

¿O no?


Publicado el 9-4-2026