Ramiro I de León... y de Asturias

Retrato imaginario de Ramiro I
obra de Isidoro Lozano (1852)
Álvaro van den Brule es un colaborador de El Confidencial especializado entre otros temas en la divulgación histórica, a la cual aplica un estilo desenfadado, irreverente e incluso algo provocador... una combinación que me encanta.
No obstante hasta el mejor escribano echa un gazapo, y yo le cacé uno de calibre bachillerato en el artículo titulado Cuando los vikingos llegaron a la Península Ibérica... y se encontraron un muro inesperado, publicado en el citado diario el 17 de enero de 2026. En él, como indica el título, habla de las incursiones vikingas en la España -o lo que fuera entonces- de la Alta Edad Media, de algunas de las cuales salieron descalabrados y con pocas ganas de volver por allí.
El artículo es interesante y saca a la luz un episodio histórico poco conocido; pero no iban por ahí mis tiros al gazapo, sino por la alusión a uno de los monarcas hispánicos de esa agitada época tradicionalmente conocida como la Reconquista, término que los bienpensantes de encefalograma plano pretenden ahora erradicar:
Ramiro I, a la sazón rey de León, se ofreció al rey astur a darle su apoyo incondicional, fue por ello que los osados invasores del norte nunca consiguieron instalarse en aquel lugar; se pagaban muy caro los intentos de broncearse en la península.
Lo cual no es de extrañar, ya que el rey astur coetáneo de Ramiro I era... Ramiro I, con lo cual tan sólo tuvo que ponerse de acuerdo consigo mismo. Porque, recordemos de nuestras lecciones de historia en el colegio, aunque existió un reino de Asturias y también un reino de León, en realidad se trataba del mismo que, tras su expansión al sur de la cordillera Cantábrica, acabó trasladando su capitalidad a la ciudad de León.
Para que no quede aquí la cosa les invito a dar un breve repaso histórico a la cronología de la monarquía astur-leonesa, como tradicionalmente se le ha conocido. El reino de Asturias, fundado por Alfonso I en 739, inicialmente tuvo su capital en Cangas de Onís, trasladada a Oviedo por Alfonso II a finales del siglo VIII. Finalmente Ordoño II trasladaría la sede real a León en la primera década del siglo X.
No obstante, la historia fue algo más complicada. En 910 los tres hijos de Alfonso III, García, Fruela y el futuro Ordoño II, se habían repartido el reino de su padre correspondiéndole León a García, Asturias a Fruela y Galicia a Ordoño, por lo que temporalmente estos territorios estuvieron separados; pero en 914 Ordoño heredó el trono de León tras la muerte de García y en 924, fallecido a su vez Ordoño, fue Fruela II quien volvió a reunir los tres reinos.
Resumiendo: Asturias y León existieron efectivamente como reinos independientes durante catorce años, entre 910 y 924; pero esto ocurrió sesenta años después del reinado de Ramiro I, que tuvo lugar entre 842 y 850. Y aunque efectivamente este monarca rechazó la invasión vikinga de 844 a los puertos de Gijón y La Coruña, su reino abarcaba Asturias, León y Galicia, es decir, la totalidad del lote. Posteriormente habría otros repartos familiares de la corona astur-leonesa que además de Asturias, León y Galicia llegó a abarcar también el norte de Portugal y el condado de Castilla, pero no se volvió a romper la unidad entre Asturias y León.
Publicado el 19-1-2026