Los asteroides “españoles”





Tamaños comparados de varios asteroides “españoles
Hispania, el mayor de todos, mide unos 162 km. de diámetro
Ilustración tomada de www.astrogea.org


Históricamente la contribución española a la astronomía, al igual que a cualquier otra disciplina científica, ha sido por desgracia muy limitada y siempre fruto de individualidades geniales o, cuanto menos, tesoneras, ya que a diferencia de otras disciplinas del saber o de las artes, en las que las aportaciones hispanas han sido brillantes, en nuestro país la infraestructura científica es algo que ha brillado literalmente por su ausencia hasta fechas bien recientes, por lo que hazañas como la de Ramón y Cajal, por poner tan sólo un único ejemplo, son todavía más loables.

España, como cabía esperar dadas las circunstancias, llegó a la astronomía tarde y mal, siendo preciso retrotraernos hasta ya entrado el siglo XX para encontrar las primeras aportaciones a una disciplina que desde el siglo XVI había experimentado grandes avances. No es de extrañar, pues, que los nombres españoles brillen literalmente por su ausencia en la época de los grandes descubrimientos que inauguró, a partir de principios del siglo XVII, el uso del telescopio, ya que durante tres centurias, las que median entre el citado siglo XVII y el XX, no se puede decir que España aportara prácticamente nada en este campo... y eso a pesar de que, según recientes investigaciones, la invención del telescopio se atribuye a un español, el gerundense Juan Roget, que se habría anticipado en casi dos décadas al que hasta ahora se había considerado el inventor del mismo, el holandés Hans Lippershey.

Por esta razón, para encontrar descubrimientos astronómicos españoles debemos ir a buscar la “calderilla”, es decir, a ese cúmulo de pequeños, cuando no diminutos, cuerpos siderales formado por los asteroides y los cometas; y, puesto que los segundos se suelen caracterizar por sus apariciones efímeras -salvo el reducido grupo de cometas periódicos-, será preferible centrar nuestra atención en los primeros.

Y ni siquiera aquí supimos llegar a tiempo, ya que entre el descubrimiento del primero de estos pequeños astros, Ceres, en 1801, y el del primer asteroide “español” mediaron nada menos que 114 años o, si se prefiere, 803 descubrimientos previos... casi nada.




Ceres, el primer asteroide -hoy planeta enano- descubierto en 1801


Pero no nos precipitemos. Para empezar, convendría definir lo que entiendo por asteroide “español”: el descubierto por un astrónomo español o desde un observatorio de nuestro país -ambas condiciones pueden ir unidas o por separado- o bien aquél descubierto por un astrónomo extranjero, en un observatorio asimismo extranjero, pero dedicado a un personaje -real o de ficción- o a una localidad o territorio españoles, que también los hay. Excluyo, para no complicar todavía más las cosas, a los que podríamos denominar asteroides “hispanos”, es decir, los vinculados a astrónomos, observatorios o nombres de países sudamericanos, Portugal o incluso los Estados Unidos, donde como es sabido la influencia hispana es cada vez más importante y profunda.

Y no ha sido fácil, ni tan siquiera confío en que resulte completo, ya que el campo de los planetas menores, como se conoce oficialmente a estos pedruscos cósmicos, es, por decirlo de una manera tan coloquial como explícita, un auténtico berenjenal. Me explicaré.

Para empezar, acabaron ya hace mucho los tiempos románticos en los que un astrónomo plantaba su telescopio en plena noche y se ponía a mirar por el ocular del mismo. Hoy en día las técnicas astronómicas han evolucionado de una manera tan astronómica -valga la redundancia-, que lo que antes era una proeza ahora resulta ser de lo más rutinario. Y, aunque estos avances se han dado en todos los campos de la astronomía, en el de los asteroides ha sido todavía más espectacular; baste con reseñar que, durante todo el siglo XIX, se descubrieron unos 450; hacia 1920 se saltó de los 1.000; en 1942 se alcanzaron los 2.000; en 1960 se rebasaron los 3.000; en 1985 se pasó de los 10.000; en 2000 la cifra alcanzaba los 60.000, recién iniciado 2010 rozaban los 230.000; apenas dos años más tarde, en diciembre de 2011, la cifra de asteroides catalogados rebasaba los 310.000, y en febrero de 2020 se acercaban a los 550.000.

En realidad, estas cifras se quedan muy cortas. Según las normas internacionales que regulan los descubrimientos astronómicos, el proceso para “dar de alta” en el noménclator oficial un nuevo astro es no sólo minucioso, sino también, en ocasiones, bastante largo. En primer lugar no basta con un avistamiento, sino que el cuerpo en cuestión ha de ser detectado sin posibilidad de error las suficientes veces como para poderse calcular su órbita, y también una vez pasada la oposición que lo oculta tras el Sol, o tras su astro primario en el caso de un satélite. Víctimas de este requisito han sido varios astros “fantasmas” tales como Temis, el supuesto décimo satélite de Saturno presuntamente descubierto en 1905 por William Henry Pickering, y hoy descabalgado del catálogo. Otros han tenido más suerte al ser redescubiertos tras estar muchos años perdidos, tal como ocurrió con los asteroides Apolo, Adonis y Hermes, descubiertos respectivamente en 1932, 1936 y 1937 por Karl Reinmuth -el primero y el último- y por Eugène Delporte -el segundo-, pero no confirmados, y por lo tanto catalogados, hasta 1973, 1977 y 2003 respectivamente, nada menos que 41 años más tarde los dos primeros y ¡66 años! Hermes.




El observatorio barcelonés de Fabra, pionero en la búsqueda de asteroides
Ilustración tomada de la Wikipedia


Pero eso no es todo. Entre que los nuevos asteroides reciben su denominación provisional, formado por una aséptica combinación alfanumérica de cifras y letras del tipo 1984 QY1, y se les asigna un número de catálogo, puede pasar todavía bastante tiempo. Y, puesto que habitualmente hay una ingente cantidad de asteroides sin catalogar pero con denominación provisional, la conclusión es sencilla: puesto que el medio millón largo apuntado anteriormente se refiere tan sólo a los ya catalogados, el número real de asteroides descubiertos es en estos momentos muy superior... a los que habrá que sumar, lógicamente, todos aquellos que se descubran en un futuro, lo cual, al ritmo de avance actual, promete alcanzar cifras auténticamente mareantes.

El último paso a dar suele ser el bautizo del asteroide, tradicionalmente una potestad del descubridor. Aunque en un principio se siguió la costumbre general de recurrir a la mitología clásica, pronto el gran número de descubrimientos hizo que ésta se relajara, amén de que andando el tiempo hubieran sido necesarias varias mitologías completas, convenientemente rebañadas hasta el más insignificante de sus personajes, para poder dar nombre a tan ingente cantidad de pedruscos. Así pues, ya hacia mediados del siglo XIX comenzaron a utilizarse denominaciones de procedencia no mitológica tales como nombres femeninos -preferiblemente de alguna mujer cercana al descubridor- o feminizados -entonces lo masculino no estaba muy de moda en este campo-, alegóricos, históricos, geográficos, o bien fruto de la coba más descarada, que de todo hubo en los asteroides bautizados en esta época.

Y ni eso fue suficiente cuando, a partir de la segunda mitad del siglo XX, el número de astros neonatos se disparó de forma meteórica. Así pues, salvo en algunos casos especiales -los interiores a la órbita de Marte, los troyanos, y los exteriores a la órbita de Júpiter, incluyendo a los transneptunianos-, en todos los cuales se sigue recurriendo a la mitología clásica, para los pertenecientes al cinturón principal, es decir, la inmensa mayoría del total, se puede decir que hay barra libre... así, nos encontramos literalmente con un poco de todo: personajes ilustres y no tan ilustres, incluyendo a los astrónomos -aunque no los bauticen con sus propios nombres suele funcionar mucho el “hoy por ti, mañana por mí”, que en la práctica viene a ser casi lo mismo-, la parentela de los astrónomos y algún que otro ciudadano más o menos anónimo que pasaba por allí; personajes de ficción, desde el Quijote hasta Obélix; ciudades, regiones, países, ríos; observatorios astronómicos, acrónimos de organismos científicos; siglas de organizaciones no gubernamentales... en algunos casos, según mi opinión, incluso se llega a rozar lo estrambótico, cuando no lo decididamente ridículo. Pero como hay para todos, pues lo dicho, barra libre, y aún costará trabajo encontrar denominaciones para los últimos.

Claro está que los asteroides “españoles”, incluso contando con las contribuciones recientes, son tan sólo una mínima parte del total, lo que lejos de lo que pudiera parecer no se puede decir que facilite demasiado las cosas. Cierto es que existen algunas páginas dedicadas a los asteroides “españoles”, pero en éstas, además de no estar siempre actualizadas, tan sólo nos encontramos con los descubiertos en España y/o por españoles, con lo cual la relación, en los términos que he definido al principio del artículo, se queda corta al faltarle los asteroides de nombre español pero descubiertos en el extranjero y por extranjeros.

Así pues, no me quedó otro remedio que rastrear la lista completa de asteroides, un trabajo de chinos -viene a equivaler a leerse la guía telefónica de una capital de provincias de tamaño medio- con el riesgo añadido de saltarte alguno... eso sin contar con que la lista se está actualizando constantemente. Por si fuera poco, un rastreo de nombres que pudieran sonar a españoles tampoco nos sirve demasiado ya que, como he comentado, de ahí hay que descartar no sólo los hispanoamericanos y norteamericanos de raíz hispana, sino también los de otros de idiomas cercanos como el italiano o el portugués, e incluso aquellos franceses de fonética similar a la española. Por fortuna en los listados oficiales del Minor Planet Center han tenido el detalle de incluir la explicación de los nombres de los asteroides ya bautizados, gracias a lo cual es posible realizar la selección sin que ésta se convierta en un berenjenal.

Pese a todo, creo que la lista que doy a continuación siempre será mejor que nada, amén de que estará sujeta a posibles correcciones o actualizaciones. Así pues, pasemos a ello.




José Comas Solá, el primer español descubridor de asteroides
Ilustración tomada de www.manteka.com/fabra/


Como ya he comentado, hasta bien entrado el siglo XX no figuró España en la nómina de países contribuyentes a los descubrimientos de asteroides, y si entonces lo hizo fue gracias a una figura singular, la del astrónomo José Comas Solá (1868-1937), director del Observatorio Fabra de Barcelona, que entre 1915 y 1929 descubrió un total de once asteroides -los tres últimos póstumos, y no incluidos en el catálogo hasta la década de los años sesenta-, a los que corresponden los siguientes números y denominaciones:


Nombre Año
804 Hispania 1915
925 Alfonsina 1920
945 Barcelona 1921
986 Amelia 1922
1.102 Pepita 1928
1.117 Reginita 1927
1.136 Mercedes 1929
1.188 Gothlandia 1930
1.626 Sadeya 1927
1.655 Comas Solá 1929
1.708 Polit 1929

En ocasiones la numeración no coincide con el orden cronológico, debido al ya apuntado desfase entre el descubrimiento -o mejor dicho, el avistamiento- y su catalogación tras ser determinados los parámetros orbitales. En cuanto a los nombres, éstos responden a las siguientes definiciones:

Hispania, obviamente, está dedicado a nuestro país. Alfonsina, oficialmente a Alfonso X el Sabio y “casualmente” al monarca entonces reinante, Alfonso XIII; durante mucho tiempo, y con la única excepción de los asteroides troyanos, se siguió la costumbre de utilizar siempre nombres femeninos, de ahí la feminización de éste. Barcelona, a la ciudad natal de Comas Solá. Amelia, es el nombre de su segunda esposa. Pepita parece ser que deriva del nombre propio del astrónomo, feminizado y diminutivizado. Reginita por Regina C. de Tiridor, una amiga de la familia Comas Solá. Mercedes por la cuñada de Comas Solá. Gothlandia es uno de los nombres mitológicos de Cataluña. En cuanto a los tres póstumos, bautizados con posterioridad al fallecimiento de Comas Solá, Sadeya son las siglas de la Sociedad Astronómica de España y América, fundada por él; Comas Solá es un homenaje al propio astrónomo y Polit, por último, hace alusión a Isidro Polit (1880-1958), ayudante de Comas Solá y sucesor suyo en la dirección del Observatorio Fabra tras su muerte, habiendo sido bautizado también con posterioridad al fallecimiento de Polit.

Aparte de la ingente labor de Comas Solá, el resto de las contribuciones españolas de su época no pudieron ser más magras, ya que tan sólo se limitaron a otros dos asteroides. El primero de ellos, Rafita, fue descubierto por Rafael Carrasco -que lo bautizó con el nombre de su hijo- en el observatorio de Madrid, mientras el segundo, recientemente bautizado con el nombre del astrónomo español Jorge Núñez, lo fue por Isidro Polit en Barcelona.

Y después de estas contribuciones, todas ellas excepto la última anteriores a la Guerra Civil, no hubo absolutamente nada nuevo hasta 1982, en que los astrónomos del observatorio de Yebes -nueva ubicación del histórico de Madrid- hicieron el descubrimiento de un nuevo asteroide, bautizado precisamente con el nombre de esta localidad alcarreña cercana a la ciudad de Guadalajara. Así pues, a la tabla anterior con los descubrimientos de Comas Solá, habría que añadir ahora los siguientes:


Nombre Año
1.644 Rafita 1935
4.298 Jorgenúñez 1941
4.661 Yebes 1982

Como puede comprobarse, por entonces la situación no se puede decir que fuera demasiado halagüeña. Por fortuna, la construcción de varios observatorios en territorio español, algunos de ellos especializados en el seguimiento de estos cuerpos celestes, hizo que las circunstancias variaran notoriamente a partir de los últimos años de la década de los noventa. Estos observatorios son el de Mallorca, situado en la localidad de Costitx, en el centro de la isla; el de Ametlla de Mar, en la provincia de Tarragona, cercano a Tortosa y a la desembocadura del Ebro; los de Piera, Begues y Montjoia, en Barcelona; el de Pla d’Arguines, en la localidad de Segorbe, provincia de Castellón; el de Marxuquera, cercano a la localidad valenciana de Gandía y, ya en las islas Canarias, el del Teide y el de Nazaret, situado en la isla de Lanzarote y regentado por el hispano argentino Gustavo Muler.

A ellos hay que sumar los más recientes de la Sagra, dependiente del de Mallorca, que está ubicado en la sierra granadina homónima y el de la Cañada, en Ávila. Este último es una iniciativa particular del astrónomo Juan Lacruz Martín, lo cual le diferencia de los anteriores en los cuales los descubrimientos suelen ser firmados de forma colectiva por el equipo de astrónomos que trabaja en cada uno de ellos. Asimismo el observatorio de Montcabrer, en la localidad barcelonesa de Cabrils, se sumó fugazmente a la lista con un asteroide descubierto en 2009 mientras el malagueño José María Ruiz, colaborador de Gustavo Muler, se apuntó otro en 2008 desde el observatorio que tiene montado en su domicilio particular.




Cúpulas del observatorio de Mallorca
Ilustración tomada de http://www.oam.es


Debido a las nuevas técnicas de detección automática de estos pequeños cuerpos siderales, el número de asteroides descubiertos en observatorios españoles, bastante reducido hasta mediados de la década del año 2000, experimentó un crecimiento espectacular a partir de los últimos años de la citada década, en paralelo con el incremento de descubrimientos a nivel mundial. Aunque resulta difícil llevar un recuento exacto dada la velocidad con la que se producen estos descubrimientos, hasta enero de 2020 el número total de descubrimientos de cada observatorio ha sido, cuanto menos*, el siguiente:


Mallorca /La Sagra 3.411 Piera 5
Pla d’Arguines 575 Montmagastrell 4
Ametlla de Mar 67 Montcabrer 2
La Cañada 62 Marxuquera 2
Nazaret 22 Málaga 1
Begues 16 Montjoia 1
Teide 9

* Las fuentes de las que he obtenido estos datos son diversas, por lo que no puedo garantizar que estén actualizadas en su totalidad. Sí se pueden considerar como unos valores mínimos.

Esto hace un total de 4.171 asteroides catalogados, 4.185 si contamos también los 14 anteriores, aunque este número se irá incrementando conforme se vayan confirmando y catalogando los que están pendientes de serlo. Llama poderosamente la atención el gran protagonismo del observatorio de La Sagra -surgió como una sección del de Mallorca, razón por la que he agrupado a ambos-, que cuenta en su haber con más de 2.700 descubrimientos, aproximadamente dos terceras partes del total pese a haber sido inaugurado en una fecha tan cercana como 2009. Ello se debe a que este observatorio, a diferencia del resto, está especializado en la búsqueda de asteroides, habiendo identificado según su página web cerca de 6.000 hasta octubre de 2011, la mayoría de ellos todavía sin catalogar. Sumados los asteroides catalogados descubiertos por él y por su matriz mallorquina, según los datos del Minor Planet Center se sitúa en el puesto duodécimo de la lista de observatorios más prolíficos del mundo, que no es poco.

De estos casi 4.200 asteroides tan sólo a una minoría se les ha asignado nombre propio, los cuales vienen recogidos en la tabla que reproduzco a continuación; he renunciado a dar el listado completo de todos ellos ya que esto resultaría demasiado tedioso e incómodo. Asimismo, y dado que por lo general las observaciones astronómicas suelen ser una labor de equipo, he preferido no citar nombres propios, considerando los descubrimientos como colectivos, aunque en algunos casos se trata de pequeños observatorios de aficionados gestionados por sus propietarios. Debido a su longitud he dividido la tabla en varias que se pueden consultar por separado, facilitando su lectura.


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Cúpulas del observatorio de Calar Alto
Ilustración tomada de http://www.telescopios.org/Calar_Alto.htm


A diferencia de los anteriores, los observatorios de La Palma -también conocido como observatorio del Roque de los Muchachos-, en la isla canaria del mismo nombre, y de Calar Alto, en la provincia de Almería, son internacionales. Por esta razón, y aunque sus descubridores no fueran compatriotas nuestros, a los asteroides descubiertos en estos dos centros también se les puede considerar con propiedad “españoles”, puesto que fueron descubiertos desde suelo de nuestro país. También con fecha de enero de 2020 estos dos observatorios tenían contabilizados un total de 139 asteroides, 45 el de La Palma y 94 el de Calar Alto. Al igual que en el caso anterior, tan sólo recojo los que cuentan con nombre propio.


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El hecho de que la mayor parte de estos asteroides todavía no tengan nombre asignado no tiene nada de particular en el conjunto de los astros menores, dado que este proceso puede llegar a ser bastante largo. No obstante, conviene saber de donde proceden sus respectivas denominaciones, advirtiendo que, dado que las normas de la UAI obligan en ocasiones a unas extrañas contracciones de los nombres, he preferido reseñarlos con su grafía original y, en su caso, también en su acepción original en español. La relación de nombres abarca a los dos grupos anteriores, tanto el de los observatorios nacionales como el de los dos observatorios internacionales.

Un primer grupo está formado por nombres geográficos, normalmente relacionados con los lugares en los que están ubicados los observatorios, o bien correspondientes a localidades con las que los descubridores mantienen vínculos de algún tipo: Almanzor (el monte principal de la sierra de Gredos), Almería, Andalucía, Asturias, Ávila, Baleares, Begues, la Cañada, Capdepera (localidad mallorquina donde desembarcó Jaime I para reconquistar la isla), Castelldefels, Catalonia, Costitx (localidad mallorquina donde está enclavado el Observatorio de Mallorca), Dragonera, Ebro, Eivissa (Ibiza en mallorquín), Enol (uno de los lagos de los Picos de Europa), Espluga de Francolí (Tarragona), Gijón, Grancanaria, Jultayu (un monte de los Picos de Europa), Lanzarote, Madrid, Málaga, Mallorca, Menorca, Obsfabra (el histórico observatorio de Comas Solá y Polit), Puertollano, Sabadell, la Sagra, Santa María de Montmagastrell (localidad leridana donde se ubica el observatorio homónimo), Segorbe, Siurana (Tarragona), Tesorero (un monte de los Picos de Europa), Tramontana (la sierra principal de Mallorca) y Urriellu (el nombre asturiano del Naranjo de Bulnes), a los que hay que sumar el conocido yacimiento paleontológico burgalés de Atapuerca.

Asimismo nos encontramos con homenajes a ciudades de otros países tales como las alemanas Birnfeld, Garching, Bad Konigshofen y Schwetzingen, Sarajevo en Bosnia y Zagreb en Croacia, junto con el parque natural de Hassberge también en Alemania.

En segundo lugar están los nombres propios, en ocasiones de personalidades célebres (o famosas, que no es exactamente lo mismo), y en otras dedicados tanto a los astrónomos como a sus familiares directos o amigos. Por comodidad, los he agrupado por profesiones o afinidades.

Astrónomos: Fernando Aldana, João Alves, Oleg Belkovich, Antonio Bernal, Frithjof Brauer, Maria-Dolors Caldentey Rius, Maja Litovic Crnic, Susana E. Deustua, Gerhard Drolshagen, Rafael Ferrando, Francisco García, José Julián Gómez Donet, Ramón Hartopp, Hanna von Hoerner, Sebastian von Hoerner, Miguel Hurtado, Mark Kidger, Rainer Kling, Heinrich Carl Friedrich Kreutz, Michal Kusiak, Lucas Lara, Eamon Little, David Martínez Delgado, José María Maza, José María Oliver Cabasa, Rafael Pacheco, Margaret Penston, José Ripero, Andrés Ripoll, Massimo Robberto, Diego Rodríguez, Antonio Romañá, Salvador Sánchez, Carlos Sánchez Magro, Erwin Schwab, Colin Snodgrass y Ulrich Thiele, más los acrónimos Emuno, correspondiente al grupo de astrónomos españoles M1, y Sofia (The Stratospheric Observatory for Infrared Astronomy), un proyecto conjunto germano-norteamericano de telescopio infrarrojo instalado a bordo de un avión.

Científicos e ingenieros: Cresques Abraham, Miguel Bello, Patricio Domínguez “Arbacia”, Pedro Duque, Harry Walter Kroto, Günther Kurtze, Severo Ochoa, Juan Oró, Santiago Ramón y Cajal, Noelia Sánchez, Gerhard M. Sessler y Günter Wendt.

Escritores: Max Aub, Federico García Lorca, Ramón Llull, Jacinto Verdaguer y Francesc Vicent.

Artistas: Otto Piene y Josep Puigmartí Valls, pintores y escultores; Carmen Castillo Bartolomé “Carmenchu” y José María Subirachs, escultores.

Músicos y actores: David Bowie, Martina Gedeck, Romy Haag y Joe Jackson.

Deportistas: Fernando Alonso, Rafael Nadal y Ferenc Puskas.

Esposas, hijos, familiares y amigos de los descubridores: Silvia Alonso, Covadonga Camblor, Joaquín Escrig, Teresa Chércoles, María Félix, Paqui Frutos, María Ángels Gassol, Covadonga Lacruz Camblor (Covichi), Teodoro (Teo) Encinar, Isabel Izquierdo Lacruz, Beatriz Lacruz Alcaraz (Beita), Ramón Lacruz Alcaraz (Ramonín), Juan Miguel Lacruz Camblor (Juanmi), Carmen (Churri) Lacruz Martín, José Antonio Lacruz Martín (Mingus), Miguel Lacruz Martín, Rosario Lacruz Martín (Charito), Teresa (Ti) Lacruz Martín, Blanca Lacruz Pleguezuelos (Cerebrito), Ginés López, Isabel Martín, Alessio Muler, Mauricio Muler, Ramón (Mon) Naves, Pepa Prats Cruz, Margalida Reixach, Luna Ruiz (Deluna), Mara Ruiz, “Los Sardina” y Ana Verdú.

Filántropos y benefactores: Ingeburg Herz y Dietmar Hopp.

Otros: Anatoli Karpov, ajedrecista; Jane Fletcher y Natalie Kestecher, periodistas, y los empleados del observatorio de Calar Alto Ángel Barbero Peregrina, José Luis Corral Berruezo y Elvira Checa Peña.

El último apartado corresponde a temáticas tan variopintas como la literatura, las organizaciones benéficas, los animales, la informática o loa mitología.

Personajes y lugares literarios o imaginarios: Benbow, Duende, Nuredduna.

Organizaciones benéficas: Jalyhome, nombre de una asociación española creada para combatir la lepra en la India.

Animales: Copito de Nieve.

Informática: Eniac y Maniac.

Protoo es un troyano del grupo llamado “griego”, es decir, de los que preceden a Júpiter ocupando la posición L4 de su órbita. Por lo tanto su nombre no era de elección libre, sino que tenía que proceder de la Ilíada y, más concretamente, del bando griego. Este personaje aparece citado en el canto II, cuando Homero enumera los caudillos griegos que acudieron a la guerra de Troya. Hijo de Tentredón y el rey de los magnates, que habitaban a orillas del Peneo y en el monte Pelión, aportó al ejército griego 40 naves. Arawn, por último, es el equivalente a Hades en la mitología celta.

Todavía existe un tercer grupo de asteroides que podríamos considerar “españoles”, los que pese a haber sido descubiertos por astrónomos extranjeros en observatorios asimismo situados fuera de España, por una u otra razón ostentan nombres vinculados con nuestro país o nuestra cultura. Veámoslos:


Cervantes, Goya o Albéniz son varios de los personajes españoles que cuentan con asteroides bautizados con su nombre


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Al igual que en el caso anterior, vamos a ver el origen de estas denominaciones.

Nombres geográficos: Calar Alto (por el observatorio astronómico allí existente), Córdoba (en su antigua acepción romana de Corduba), Granada, Guernica, La Palma, Loyola (por san Ignacio, el fundador de la Compañía de Jesús), Maspalomas (por la localidad grancanaria donde está ubicada una estación de seguimiento de satélites), Muchachos (por el observatorio del Roque de los Muchachos, en la isla canaria de la Palma), Mulhacén (el monte más alto de España, en Sierra Nevada), la Orotava (por el observatorio del Teide), Palma de Mallorca, Planes de Son (paraje natural del Pirineo leridano), el Teide, Tenerife (Teneriffa), Toscanos (ruinas de una colonia fenicia situadas en el término de Torre del Mar, en la provincia de Málaga), Valencia y Vigo. También podríamos incluir en este apartado a la Alhambra y a las cuevas de Altamira.

Personajes históricos: los emperadores hispano-romanos Adriano y Trajano; el filósofo hispano-romano Séneca; el filósofo hispano-musulmán Averroes; el humanista Miguel Servet; el marino italiano al servicio de España Andrea Doria; la emperatriz francesa, española de nacimiento, Eugenia de Montijo; la reina de Bélgica, también española de nacimiento, Fabiola de Mora y Aragón; los marinos Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano; los conquistadores de América Juan Bautista de Anza, explorador de la Alta California y Pedro de Valdivia; los eclesiásticos san Ignacio de Loyola y fray Bartolomé de las Casas, y por último Rubén Ibárruri, hijo de Dolores Ibárruri la Pasionaria, muerto en combate durante la II Guerra Mundial.

Pintores: Bartolomé Esteban Murillo, Diego de Silva y Velázquez, Francisco de Goya, Salvador Dalí, Pablo Picasso y Joan Miró.

Músicos: Isaac Albéniz, Pablo Casals, Enrique Granados, Andrés Segovia, Fernando Sor y Francisco Tárrega.

Arquitecto: Antonio Gaudí.

Escritores: Miguel de Cervantes, Miguel Hernández y Esteban Manuel de Villegas.

Astrónomos: Antonio Aparicio, Javier Gorosábel, Julia de León, Álvaro López García, José Juan López Moreno, Jaime Nomen Torres, José Luis Ortiz Moreno, Gustavo Muler, Alfonso Pulido, Buenaventura Suárez y Josep María Trigo-Rodríguez.

Esposas y familiares de los descubridores: Joseph Bosch, Amadora González.

Científicos: Esteban Terradas Illa (matemático).

Otros personajes: Manuel Esteban (y su esposa Gloria Esteban), presidente de la Universidad Estatal de California en Chico entre 1993 y 2003.

Personajes de ficción: Don Quijote, Dulcinea y Carmen (la protagonista andaluza de la ópera homónima de Bizet).

Luego están algunos falsos asteroides “españoles” a juzgar por los catálogos de nombres que he consultado aunque, la verdad, al menos en algunos casos sospecho que no sean demasiado de fiar, como ocurre con el asteroide número 1.576 Fabiola, atribuido por algunas fuentes a Fabiola de Mora y Aragón, española y reina consorte de Bélgica hasta el fallecimiento de su esposo Balduino II. Teniendo en cuenta que este asteroide fue descubierto 1948, y que Fabiola de Mora y Aragón nació en 1928 y no contrajo matrimonio hasta 1960, resulta difícil creer que su descubridor, el astrónomo S.J. Arend, tuviera tan notables dotes adivinatorias. Cierto es que algunos asteroides, tal como ha sido comentado, pueden llegar a ser bautizados mucho después de ser avistados, pero consultando las fechas de descubrimiento de sus vecinos de catálogo, se comprueba que todos ellos están datados entre finales de los años cuarenta y los muy primeros años cincuenta, con lo cual cabe suponer que en este caso no debió de haber demasiado retraso. Por cierto, Eugenia de Montijo sí era emperatriz francesa cuando le dedicaron el correspondiente asteroide.

Otros falsos asteroides “españoles”, pese a las apariencias, son algunos como Lugo, Zaragoza, Anguita o Segre, dedicados en realidad no a poblaciones o ríos españoles, sino a sendos astrónomos hispanos los tres primeros -Raymond Lugo, Aldo Zaragoza y Claudio Anguita- y al matemático italiano Corrado Segre el último. Asimismo corresponden a nombres de astrónomos foráneos Machado -Silva Machado-, Pizarro -Óscar Pizarro- y Cisneros -Ernest Cisneros-. Tampoco el asteroide número 4.171, denominado Carrasco, está dedicado al astrónomo español Rafael Carrasco, sino al también astrónomo Juan Carrasco, norteamericano de origen hispano que trabajó durante muchos años en el observatorio californiano de Monte Palomar.

Aunque menudean los asteroides con apellidos -o nombres y apellidos- de raíz hispana, ninguno de ellos cuales corresponden, excepto los anteriormente citados -salvo error u omisión-, a personas de nacionalidad española. Por último, tenemos un San Diego no dedicado al famoso santo franciscano que vivió y murió en el convento alcalaíno, sino a la ciudad homónima californiana, una Mérida venezolana o un Santiago de Chile.




Ver también:
Asteroides: Peñascos en órbita
Los asteroides. Su clasificación en función de las órbitas
Cronología del descubrimiento de los asteroides
Tablas de los principales grupos de asteroides




Anexo. Enlaces de páginas web


Significado de los nombres de los asteroides (en inglés):

http://en.wikipedia.org/wiki/Meanings_of_asteroid_names


Observatorios españoles con programas de detección de asteroides.

Mallorca: http://www.oamallorca.org/

Pla de Arguines: http://www.pladearguines.com/

Ametlla de Mar: http://www.astrogea.org/jnomen

Piera: http://www.astrogea.org/jguarro/index.html#inicio

Begues: http://www.manteka.com

La Cañada: http://www.lacanada.es

La Sagra: http://www.minorplanets.org/OLS/

Teide y la Palma: http://www.iac.es

Calar Alto: http://www.caha.es

Montcabrer: http://cometas.sytes.net/

Nazaret: http://www.astrosurf.com/nazaret/observatorio.htm


Publicado el 15-4-2008
Actualizado el 26-3-2020