Nunca te fíes de un genio (II)
Cuando Filemón Cotufa encontró una lámpara mágica desconocía su naturaleza, no saliendo de su error hasta que al frotarla por diversión surgió de su interior el genio que la habitaba, bastante malhumorado por cierto, comunicándole que estaba jubilado y por consiguiente, exento de servir a los mortales. Pese a ello, y tras arduas negociaciones -Filemón era un experto regateando- finalmente logró que le concediera un único deseo y no tres, tal como la tradición marcaba.
Menos daba una piedra, por lo que Filemón decidió aprovechar la oportunidad que se le brindaba y tras reflexionar unos instantes -su interlocutor le apremiaba alegando que iba a llegar tarde a una reunión de ex-genios jubilados- dada la relevancia de la elección, finalmente se decidió por lo que le pareció más conveniente para sus intereses.
Filemón, también jubilado, arrastraba una serie de achaques si no graves sí molestos propios de su edad, amén de que el paso inexorable de los años se había ensañado con su carrocería, tal como él decía, afectando esta vez sí de forma grave a sus antiguas habilidades para relacionarse con las representantes del sexo opuesto... en edad de merecer, se entiende, no con respetables abuelas o con años suficientes para serlo.
Así pues no dudó.
-Quiero tener un cuerpo joven -pidió.
Él se refería, claro está, a recuperar su perdida y ya lejana juventud, y así lo hubiera entendido cualquiera. Pero es sabido, y en ello consistió su fatal error, que los genios son entes taimados que respetando formalmente la -llamémosla así- letra del contrato siempre intentan servirse de artimañas para perjudicar a quienes están obligados a obedecer, razón por la cual se ha de ser muy cauto en el trato con ellos no sólo en lo que se pide sino también, y esto es lo más importante, en la forma en que se pide.
Para su desgracia Filemón Cotufa no tomó estas precauciones, viendo concedido su deseo a la manera que se le antojó al genio, lo cual acarreó consecuencias no deseadas; porque de poco le serviría para sus fines contar con el tierno cuerpecito de un recién nacido... más joven imposible, esto era innegable, tal como se jactó entre carcajadas el muy bribón antes de esfumarse llevándose con él la lámpara, por si acaso, aunque en su nueva situación lo único que podía hacer su burlada víctima era berrear.
Y lo peor de todo fue que la mente de rejuvenecido Cotufa también se transmutó en la de un recién nacido, lo cual le privó de todos los recuerdos acumulados a lo largo de su vida obligándole a empezar de nuevo desde cero.
Publicado el 29-9-2025