La verdadera historia de Daniel en el foso de los leones (II)
Entonces el rey Darío mandó traer a Daniel y ordenó que le arrojaran al foso de los leones. Fue traída una piedra y puesta sobre la puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo y con el anillo de sus príncipes, para que la sentencia no se alterase. Luego el rey se fue a su palacio y se acostó.
A la mañana siguiente el rey se levantó temprano y fue apresuradamente al foso de los leones. Acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz triste, y le dijo:
-Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones?
Entonces Daniel le respondió:
-¡Oh rey de reyes, vive para siempre! Efectivamente mi Dios envió a un ángel para salvarme, pero a causa de un atasco en la aeropista éste no pudo llegar a tiempo. Así pues tuve que aguzar el ingenio para evitar caer en sus fauces.
Y como Darío quedara impresionado por la explicación, continuó:
-Gracias a mis grandes dotes oratorias intenté convencer a los leones de las ventajas físicas y morales de adoptar una dieta vegana, pero tan sólo logré hacerlos dudar conteniendo momentáneamente sus instintos sanguinarios. Urgido por la necesidad de evitar ser devorado inventé entonces la existencia de un comando animalista que se encontraba camino de la capital del reino en busca de animalicidas, siendo las fieras salvajes el principal objeto de sus iras. Esto último les aterrorizó lo suficiente para que se retiraran a un rincón y respetaran mi vida, aunque te ruego ¡oh gran señor! que me liberes de este foso lo antes posible, ya que temo que puedan acabar descubriendo mi argucia haciéndome pagar el engaño con mi vida.
Entonces se alegró el rey sobremanera y, convencido de su inocencia, ordenó sacar a Daniel del foso, de donde salió sin la menor herida.
Decidió el rey castigar a quienes habían acusado falsamente a Daniel arrojándolos al foso de los leones junto con sus hijos y sus mujeres, para que fueran devorados por éstos; pero antes de ordenarlo, reflexionó de esta manera:
-El castigo lo tienen merecido y no son merecedores de clemencia; pero para que éste surta efecto será conveniente reemplazar a los leones, no vaya a ser que todavía acobardados rehúsen devorar a los condenados y muy a mi pesar me vea obligado a perdonarles la vida.
Tras lo cual mandó llamar al jefe del zoológico real para ordenarle que sustituyera a los leones del foso por otros nuevos que no tuvieran noticia de la existencia de los animalistas ni de los veganos... por si acaso.
Publicado el 16-10-2025