Aceptamos pulpo como animal de compañía





El pulpo Paul se hizo famoso por pronosticar los resultados de los partidos del Mundial de fútbol
de 2010. Murió de vejez tres meses después sin llegar a cumplir los tres años de edad



Allá por la década de 1990 un anuncio de televisión hizo famosa la frase con la que he titulado el artículo, la cual pasó al acervo popular -de momento no al DRAE- como sinónimo de trágala, palabra antigua hoy prácticamente desaparecida, con el significado en ambos casos, según la Fundéu, de “hecho por el que se obliga a alguien a aceptar o soportar algo a la fuerza”.

Pero no, no voy a hablar aquí ni del anuncio ni de la frase, sino de los pulpos de verdad aunque, eso sí, acabaremos encontrando una relación entre todos ellos.

Comienzo con una afirmación: el pulpo ha formado desde siempre parte de nuestra dieta. Bueno, no de todos los habitantes del planeta; recuerdo que cuando le propuse probarlo a una hindú que estuvo temporalmente en mi trabajo, ésta puso tal cara de asco -por lo que se ve por su país o al menos en su estado, Bengala, no debe de ser muy popular- como la hubiera puesto yo si alguien me hubiera sugerido, en lugares donde sí forman parte de su dieta, degustar unas suculentas chuletas de perro o unos apetitosos insectos a la parrilla.

Pero aquí en España, y sobre todo en Galicia, el pulpo es una de las estrellas gastronómicas, y a mí personalmente me encanta. También, según Internet, los japoneses y sus vecinos asiáticos no se quedan a la zaga en su afición por estos octópodos, al igual que ocurre con los países del sur de Europa y algunos americanos. Vamos, que no es en modo alguno un plato exótico sino todo lo contrario.

De hecho, la demanda de pulpo en los mercados mundiales se ha disparado hasta el punto de provocar un espectacular aumento de su precio e incluso escasez en el abastecimiento. En estos casos, tratándose de animales acuáticos, lo que se suele hacer cuando las capturas menguan es criarlos en piscifactorías, y de hecho buena parte de los pescados que consumimos tienen ya este origen.

Lamentablemente esto no funcionaba con los pulpos dada la complejidad de su ciclo reproductivo, habiendo fracasado hasta hace poco todos los intentos por criarlos en cautividad hasta que, en una fecha tan reciente como 2018, un grupo de investigadores españoles anunciaron que habían logrado hacerlo, lo cual abría las puertas a un floreciente negocio que, al menos por una vez, llevaría el sello de nuestro país.

Pero cuando el diablo se aburre mata moscas con el rabo, y así pronto surgieron críticas a la iniciativa no sólo procedentes de los animalistas, algo que era de esperar dada su tendencia a incordiar con argumentos que oscilan entre lo banal y lo directamente absurdo, sino también de otros sectores presuntamente más ecuánimes e ilustrados.

Así, El Confidencial1 se despachaba el 13 de mayo de 2019, apenas unos meses después del comunicado, con este rotundo titular:


“Los científicos alertan del peligro de la idea española de criar pulpos en piscifactorías”.


Añadiendo la coletilla:


“Por razones éticas y ambientales”.


Como a estas alturas no te puedes fiar de los titulares dada su tendencia al sensacionalismo, consideré conveniente leer el artículo, ya que si bien lo de las “razones éticas” chirriaba bastante, el tema ambiental parecía a priori más serio.

Y sucedió como me esperaba. Para empezar, el término genérico científicos quedaba reducido, ya en el primer párrafo, a “Un grupo de investigadores ha publicado un ensayo en el que pide que se acabe con unas prácticas aún experimentales y que están lideradas por nuestro país”; algo que no era exactamente lo mismo, puesto que nos quedábamos sin conocer la representatividad de estos investigadores en el conjunto de su disciplina científica así como su nacionalidad, detalle también importante ya que, como he comentado, no en todos los países se comen pulpos y existen importantes intereses económicos en su captura y comercialización.

Puesto que el artículo remitía2 a la publicación de marras, nada resultó más sencillo que pincharla. Si lo hacen ustedes, podrán comprobar que estaba editada por la Universidad Estatal de Arizona -no es precisamente una de las más renombradas de los Estados Unidos- y venía firmado por cuatro autores. Repito: cuatro, cuyas respectivas especialidades, a título de curiosidad, eran dos profesoras asociadas de estudios ambientales, un filósofo de la ciencia y un veterinario.

Si a ello sumamos que Arizona es un estado interior en el que cabe suponer que su gastronomía no esté demasiado basada en productos de origen marino, me pregunto cual puede ser la relevancia de la opinión de estas cuatro personas, máxime sin disponer de más bibliografía que nos permitiera evaluar los apoyos y las refutaciones a la misma, tal como es habitual en el ámbito científico.

Sus argumentos, según El Confidencial, se apoyaban, en lo que a las razones ambientales respecta, en que según ellos la conversión de los pulpos en ganado (sic) “afectaría de forma clave al medio ambiente, pues su industrialización no sólo no aliviaría la presión sobre los animales acuáticos silvestres sino que la aumentaría”. Yo la verdad es que no lo entiendo, ya que si bien habría que regular legalmente la instalación de las granjas, pienso que al disponer de una oferta abundante de pulpo de criadero lo normal es que sucediera lo contrario, es decir, que descendiera la presión sobre sus congéneres salvajes causada por la sobreexplotación actual.

A continuación añadían que al ser los pulpos unos animales carnívoros su alimentación requeriría una sobrepesca de otros animales marinos, olvidando aparentemente que en las piscifactorías de especies como las truchas, los salmones, las doradas, las lubinas o los rodaballos, todas ellas carnívoras o por lo menos bichívoras en libertad, éstas son alimentadas con piensos y no con presas vivas, aunque en este último caso leí en otros artículos que las larvas de pulpo serían alimentadas con algas y larvas de crustáceos, obviamente también cultivados.

Si ya de por sí sus argumentos medioambientales dejaban mucho que desear, los éticos eran ya de traca. Leamos esta perla cultivada:


Según los expertos, “más allá de su salud y seguridad biológica básica, es probable que los pulpos deseen altos niveles de estimulación cognitiva, así como oportunidades para explorar, manipular y controlar su entorno. Los sistemas agrícolas intensivos son inevitablemente hostiles a estos atributos”.


Dicho en cristiano: se sabe desde hace mucho que los pulpos son probablemente los invertebrados más inteligentes, lo que no quiere decir que tengan que serlo necesariamente más que, pongo por caso, las vacas, los cerdos, las gallinas o cualquier otro animal de los que convertimos en ganado hace ya miles de años. Porque si bien es cierto que “Los sistemas agrícolas (sic) intensivos son inevitablemente hostiles a estos atributos ”, es decir, al desarrollo de su “estimulación cognitiva”, supongo que a los cerdos o a las gallinas nacidos, criados y sacrificados en granjas tampoco les irá demasiado bien en este aspecto.

Lo que indica bien a las claras que la motivación de estos señores, aparte de difícilmente justificable desde el punto de vista científico, tiene toda la pinta de ser exclusivamente ideológica, por más que la hayan barnizado con una capa de presunto rigor.

A lo que se suma, claro está, la presumible sospecha de que pueda haber detrás intereses económicos que podrían verse perjudicados si la cría de pulpo a gran escala acabara implantándose, y ya es casualidad que el país que estaría entre los más beneficiados, España, se encuentre tan lejos de Arizona. Y no, no soy conspiranoico en absoluto, pero a mis años mi sentido de la desconfianza está ya bastante afinado.

En comparación los animalistas puros y duros me resultan hasta casi divertidos en su obsesiva militancia, puesto que éstos al menos no disimulan sus motivaciones ideológicas; aunque no parece que les fuera demasiado bien tal como informaba Canarias ahora3: en febrero de 2022 un grupo de militantes animalistas cuyo número fue estimado en poco más de una decena -en la fotografía conté dieciséis- protestaba ante el Ayuntamiento de Las Palmas exigiendo la clausura de la granja experimental para la cría de pulpos que estaba previsto construir en Gran Canaria, con argumentos tales como que “los pulpos eran animales sintientes, inteligentes, muy creativos y solitarios y se les iba a condenar a vivir en un espacio reducido y limitado junto a otros individuos, con todos los daños psicológicos y físicos que les podría ocasionar”, manifestando también que “al no tener esqueleto y su piel ser muy frágil, podría aumentar su dolor o sufrimiento, bien por el contacto con manipuladores, las interacciones con otros pulpos o al chocar con los límites de la jaula o tanque”. Es decir, las mismas obviedades que en caso anterior pero sin el barniz seudocientífico de éste, algo es algo. Y como no voy a repetir los contraargumentos, valga lo ya dicho en lo referente a mi opinión sobre el tema.

En Internet se pueden encontrar más artículos sobre este tema, pero básicamente vienen a decir lo mismo. No puedo evitar, eso sí, hacerme eco de éste titular, que realmente es de traca4:


“Tratar como animales conscientes a pulpos y cangrejos: Reino Unido modifica la Ley de Bienestar animal para incluirlos”.


Sin comentarios, sobre todo porque resulta obvio que la inmensa mayoría de los animales, excepto los más primitivos, son en mayor o menor grado conscientes de su existencia así como sintientes, dado que poseen sentidos que les permiten sobrevivir. Si esto no es la decadencia de Occidente, que venga Dios y lo vea.

Más interesante es El destino de una madre pulpo: amar hasta morir5, publicado en El País el 27 de febrero de 2023, y en concreto la explicación que se da en él del ciclo reproductor de estos animales cuando viven en libertad: a lo largo de su vida las hembras van acumulando espermatóforos -bolsas de esperma- procedentes de sucesivos coitos con los machos hasta que, al alcanzar la madurez, los utilizan para fertilizar de una sola vez todos sus huevos. A continuación buscan un refugio apropiado al que convierten en nido, realizan la puesta y se quedan allí custodiándolos hasta que éstos eclosionan dos o tres meses más tarde sin alimentarse en todo ese tiempo, por lo cual acaban muriendo de pura extenuación. Un final que puede ser considerado cualquier cosa menos feliz, pero ya se sabe que a estos activistas les importa poco -o quizás incluso lo ignoran- que la vida de los animales salvajes sea todavía más dura y cruel que la de los domesticados, por más que estos últimos estén destinados a acabar en nuestros estómagos.

Claro está que sin salirnos de España intentaron meter en el mismo saco a las mascotas y a los perros de caza, que evidentemente no lo son, logrando tan sólo que éstos quedaran en un vacío legal todavía peor en lugar de promover una ley específica para los animales de labor, es decir, perros de caza, pastores, lazarillos y otros. Pero ya se sabe que el fanatismo ciega, y si encima viene acompañado por la ignorancia el resultado será todavía peor.

Así pues, alguien tendría que decirles que, al igual que los Reyes Magos son los padres, la naturaleza que ellos tanto dicen defender y tan poco parecen conocer dista mucho de ser un lugar tan feliz como las películas de Disney, si hacemos excepción de la dramática muerte de la mamá de Bambi.

Pero es lo que hay...




1 https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2019-05-13/cientificos-pulpos-criar-piscifacotira-mala-idea_1997678/
2 https://issues.org/the-case-against-octopus-farming/
3https://www.eldiario.es/canariasahora/ciencia_y_medio_ambiente/primera-granja-pulpos-mundo-canarias-topa-entidades-animalistas_1_8760654.html
4https://www.xataka.com/legislacion-y-derechos/tratar-como-animales-conscientes-a-pulpos-cangrejos-reino-unido-modifica-ley-bienestar-animal-para-incluirlos
5 https://elpais.com/ciencia/2023-02-27/el-destino-de-una-madre-pulpa-amar-hasta-morir.html


Publicado el 13-8-2023