Menudo octavo pasajero



Los tripulantes del Nostromo, reunidos en la enfermería, vigilaban con preocupación a su compañero Kane. Aunque el extraño ser que se aferrara a su rostro durante la exploración del pecio alienígena había muerto, desprendiéndose por sí mismo sin causarle aparentemente daño alguno, dado lo desconocido de su naturaleza tenían el temor de que hubiera podido provocarle algún tipo de secuela.

Kane, sin embargo, no acababa de entender las reticencias de sus colegas. Se sentía bien, como no se hartaba de repetirles, y lo único que les pedía con insistencia era que le permitieran reincorporarse a sus tareas cotidianas. Pero éstos dudaban, en especial Ripley.

De repente su rostro se crispó. Alarmados, los astronautas se apresuraron a sujetarle de brazos y piernas, dado que su cuerpo comenzó a experimentar violentas convulsiones. Evidentemente, no todo acababa de estar bien.

Segundos después, mientras Kane se debatía entre alaridos de dolor, un extraño bulto comenzó a formársele en el pecho, creciendo cada vez más hasta que literalmente lo desgarró provocando la muerte instantánea del desdichado astronauta. De su tórax destrozado emergía ahora una extraña figura, chorreante de sangre, que miró con ojos astutos a los aterrorizados tripulantes, paralizados a su vez con una mezcla de sorpresa y terror.

El ente, tras limpiarse el ensangrentado rostro con un pañuelo que nadie pudo ver de donde sacaba, dibujó en sus labios una mueca que intentaba pasar por sonrisa, y tras carraspear unos instantes habló:

-Ciudadanos y ciudadanas -entonó con engolada voz-. Me dirijo de nuevo a vosotros para solicitaros vuestro voto en los próximos comicios, en el convencimiento de que sabréis elegir con responsabilidad la mejor opción de gobierno para nuestra nación. Son muchos ya los años en los que he gozado de vuestra confianza, años de sacrificio y de ilusión en los cuales, relegando mis ambiciones personales, he preferido volcar todos mis esfuerzos en aras del bien de la sociedad, esa sociedad de la que vosotros también formáis parte. Por esta razón, y en el convencimiento que me da la experiencia...

-¡Dios mío! -exclamó Parker con el rostro demudado por el espanto-. ¡Es un político en plena campaña electoral!

Era cierto, razón por la que los seis tripulantes supervivientes del Nostromo -el difunto Kane, evidentemente, ya no contaba- huyeron despavoridos refugiándose en los más recónditos rincones del enorme carguero espacial.

Mientras tanto el responsable del revuelo, al percatarse de la fuga de sus votantes potenciales, procedió a liberarse de los restos de su anfitrión -lástima de voto perdido- y se dedicó a buscarlos uno a uno, con la intención de convencerlos de que su candidatura era la idónea para triunfar en las próximas elecciones; según todas las encuestas los resultados eran inciertos, así que no se podía permitir el lujo de perder un solo sufragio.


Publicado el 11-1-2011