
La comparsa clásica de los gigantes
alcalaínos a principios de los años sesenta: Negrazo,
Inés, Gitano, Maestra, Gitana y Maestro, junto con la nueva
adquisición de Blancanieves
Aunque últimamente han sido
varios los trabajos -algunos muy completos y otros de pretensiones más
modestas, como algún artículo mío publicado en este mismo
semanario- dedicados a la comparsa de gigantes y cabezudos alcalaínos,
sigue existiendo una importante laguna en el período de tiempo que
abarca desde principios de los años sesenta hasta la adquisición
de la comparsa cervantina en 1974, algo paradójico si tenemos en cuenta
la cercanía de las fechas consideradas. Es por ello mi deseo aportar
algo de luz a estos años, precisamente coincidentes con mi infancia,
aunque soy consciente de que es mucho lo que me he de dejar, forzosamente en el
tintero.
En realidad conviene no
engañarnos por la relativa proximidad de esta época ya que, a
diferencia de los años anteriores y posteriores, la composición
de la comparsa varió de forma muy considerable de un año a otro,
complicándose todavía más el intento de hacer un censo de
gigantes debido a que muchos de ellos fueron reformados con frecuencia
-sintomático fue el caso del Demonio transformado en Mago-, siendo en
ocasiones sumamente difícil discernir si los que aparecen en dos
fotografías son distintos o si, por el contrario, se trata del mismo
gigante remozado. Otro factor que dificulta el estudio es la costumbre
frecuente de reutilizar cabezudos como cabezas de gigantes -también
llegó a darse a la inversa, aunque de forma más
esporádica-, probablemente según se iban deteriorando estas
últimas, echando mano los giganteros -salvo en momentos muy puntuales no
solía haber ningún responsable de su mantenimiento lo
suficientemente capacitado para realizar con garantías esta labor- de lo
primero que tenían a mano.
Es por ello por lo que la lista de
gigantes que daré a continuación ha de ser considerada tan
sólo como aproximada, ya que mi única fuente de
información la constituyen un puñado de fotografías -las
pocas a las que he tenido acceso- a todas luces insuficientes para realizar un
estudio completo. Otro inconveniente añadido es el de la
denominación de los gigantes ya que, si bien en algunos casos
ésta es sencilla y conocida por el común de los
alcalaínos, no ocurre lo mismo en otras ocasiones, siendo los
calificativos empleados para bautizarlos de mi exclusiva responsabilidad y no
siempre demasiado afortunados.

Pinocho, Mariquita Pérez, Harpo,
Gitano, Mulata, Fumador de pipa, "Señor",
Maestro, Flaco, los dos
Novios, Negro -¿el Mono?-, Bruja -segunda- y Cocinero
Hechas estas necesarias advertencias
podemos ir al grano, comenzando con una descripción general de la
evolución de la comparsa en esos aproximadamente 15 años que van
desde principios de los sesenta hasta mediados de los setenta. Hasta entonces
su composición se había mantenido relativamente estable desde el
final de la guerra civil, contando con un reducido número de gigantes
que apenas varió durante más de veinte años. Esta comparsa
estaba formada, a finales de los años cincuenta, por el Maestro y la
Maestra, el Gitano y la Gitana, el Negrazo, Blancanieves e Inés la
Lotera, aunque este último fue retirando tras el fallecimiento de la
popular vendedora alcalaína a la que homenajeaba, siendo cubierto su
hueco con una Bruja que nada tenía que ver con la de la actual comparsa
e inspirada, posiblemente, en la madrastra de Blancanieves.
La situación cambió
radicalmente cuando, a principios de los años sesenta, el ayuntamiento
comenzó a incrementar la comparsa año tras año,
alcanzándose en apenas una década la cantidad de veintitantos
gigantes. Cierto es que no todos eran sacados de forma simultánea,
siendo lo más habitual que no pasaran de 10 ó 12 los que
desfilaban cada día, y cierto es también que la vida de bastantes
de ellos debió de ser bastante efímera; pero todos los indicios
hacen pensar que la comparsa estaba infrautilizada quizá por falta de
suficientes giganteros, o de presupuesto para pagarlos, ya que yo recuerdo
cómo en una ocasión -sería hacia principios de los
años setenta- acompañé a la comparsa hasta Santa
María la Rica, donde era guardada entonces, descubriendo con sorpresa la
existencia de numerosos gigantes que no salían a la calle desde
hacía mucho tiempo.

Chulapa, Gitano, Chulapo, "Señora",
Mariquita Pérez, Gepeto, "Boina" y Romano
Desconozco los motivos que indujeron a
los responsables municipales a ampliar de forma tan drástica la
comparsa, pero sí se puede afirmar que los nuevos gigantes tenían
dos procedencias muy distintas, por un lado los adquiridos a empresas
especializadas, y por otro los realizados de forma artesanal por don Miguel
Ruiz Flores, responsable en aquella época de la construcción de
las carrozas de ferias. La diferencia de calidad entre ambos grupos era
notable, ya que la buena voluntad de este artesano no iba pareja a los
resultados obtenidos.
Resulta en extremo difícil, por
no decir sencillamente imposible, establecer la cronología de cada uno
de estos gigantes por separado, al igual que no he podido determinar la fecha
de desaparición de los antiguos. Es posible que bastantes de ellos se
conservaran todavía cuando se estrenó en 1974 la comparsa
cervantina, pero todos fueron arrinconados y previsiblemente destruidos en su
mayor parte en fechas relativamente recientes. De hecho hay alguno, como el
Negrito, que aparece acompañando a los cervantinos en fotografías
de finales de los años setenta; pero cuando en 1996 se procedió a
restaurar y potenciar la comparsa tras muchos años de abandono, el
único superviviente de todos ellos era Gepeto, junto con la cabeza de
Mariquita Pérez -que no fue recuperada entonces, aunque actualmente, muy
repintada, se usa como cabezudo- y un puñado de antiguos cabezudos
prácticamente destrozados.

Fumador de pipa, Marinero, Negro Marinero
-¿Negrazo?-, Gitana, Bruja -primera-,
Maestra, Blancanieves, Gitano,
Maestro y los dos Payasos.
Una fotografía, probablemente
de principios de los años setenta, nos muestra unos curiosos gigantes
que sin duda no corresponden a la totalidad de la comparsa entonces existente:
Mariquita Pérez -aunque en la foto no se aprecia bien parece ser ella,
quizá con algún tipo de gorro en la cabeza-, un segundo Negro que
parece ser distinto del Negrazo, Harpo Marx con un incongruente sombrero
mexicano, la segunda Bruja -la actual es la tercera-, el antiguo cabezudo del
Demonio convertido en gigante, un gigante que no aparece en ninguna otra
fotografía al que yo he bautizado como el Tupé, el Cocinero, el
Negrito y dos más de difícil identificación. De estos dos
últimos el primero, que luce otro sombrero mexicano, recuerda a los
personajes de las películas clásicas de capa y espada, estando
quizá inspirado -por desgracia la fotografía no permite
apreciarlo con más detalle- en Gene Kelly en Los tres mosqueteros
o en Errol Flynn en Capitán Blood y otras películas de
aventuras; llamémosle por ello el Espadachín. En cuanto al
último, tan sólo se puede afirmar que se trata de una figura
femenina con peineta.
Curiosamente algunos de los gigantes
actuales -o, mejor dicho, sus cabezas- proceden de esa época, en la que
desfilaban no como tales, sino como cabezudos. Tal es el caso del Indio, el
Demonio, el Gitano y quizá la Bruja, estos dos últimos los
actuales, no los antiguos. Cantinflas y Barragán -este
último llegó a estar algún tiempo montado como gigante
hacia finales de los 80 o principios de los 90-, recuperados una década
más tarde como gigantillos, corrieron suertes diversas: Cantinflas es
ahora un gigante, mientras Barragán volvió a ser cabezudo.
El Negrazo, por último, fue reconstruido en 1997.

Mariquita Pérez, Negro, Harpo -con sombrero mejicano-,
Bruja -segunda-,
Demonio, Tupé, Cocinero, Negrito, Espadachín
y Peineta
Del resto, que eran muchos, no queda
más rastro que un puñado de fotografías. Intentemos hacer
un censo de los mismos; además de los ya citados, tanto los antiguos (el
Maestro, la Maestra, el Gitano, la Gitana, el Negrazo, Blancanieves,
Inés y la Bruja) como los adquiridos posteriormente (Gepeto, el Negrito,
Mariquita Pérez y el Demonio), podemos recordar los siguientes:
Construidos por don Miguel Ruiz, los
Novios, el Chulapo, la Chulapa, una Señora, el de la Boina y
el Romano.
Presumiblemente comprados, Harpo Marx,
Pinocho, el Flaco -diferente del actual-, el Fumador de Pipa, el Cocinero, la
Mulata, el Marinero, dos Payasos -no acierto a denominarlos mejor-,
otro Negro -el antiguo cabezudo del Mono, repintado-, un tercer Negro, otra
Bruja, un Señor, el Tupé, el Espadachín y la
Peineta. Otros son difíciles de identificar como gigantes distintos, ya
que el Negro Marinero no está claro si pudiera ser el Negrazo retocado.
Asimismo, hay otro Señor que pudiera ser -aunque tampoco es
seguro- el antiguo Maestro, asimismo retocado.

El Negrito, uno de los últimos
supervivientes -por desgracia desaparecido- de la comparsa
antigua
Todo esto hace un total de al menos
treinta y cinco gigantes -aunque en varios casos se trató en realidad de
cabezudos reconvertidos-, lo cual no está nada mal para tan corto
espacio de tiempo, máxime teniendo en cuenta que en la comparsa se
elevaba en 2003 a 21 gigantes (Don Quijote, Sancho Panza, Dulcinea, el
Bachiller, los Duques, Gepeto, la Bruja, el Demonio, el Indio, el Gitano, el
Gordo, el Flaco, el Negrazo, el Pirata, la Doctora de Alcalá, Catalina
de Aragón y Enrique VIII) junto con los tres Reyes Magos, a los que
había que sumar dos gigantillos (Cantinflas y Barragán).
Unos años más tarde, en 2010, esta cifra se incrementaba hasta
los 26 al haberse incorporado a la comparsa durante esos años Cervantes,
el Vikingo, Cantinflas -reconvertido en gigante-, el Moro y la Gitana.
Y eso es todo. Soy consciente de las
carencias y los errores de los que a buen seguro adolecerá este
artículo, por lo que agradecería a todo aquél que pudiera
aportar datos sobre este tema que lo hiciera, de forma que pudiéramos
conocer algo mejor esta pequeña faceta de nuestra historia reciente.
Esperemos que con los gigantes actuales no pase lo mismo que con los antiguos y
sean no sólo conservados y restaurados, evitando volver a la penosa
situación de mediados de los años noventa, sino también
mejorados, algo realmente necesario visto el lamentable estado en el que se
encuentran los armazones de buena parte de ellos. Lamentablemente las
últimas "restauraciones", e incluso los anuncios en internet de venta de
algunas cabezas no dan pie a ser demasiado optimistas.
Publicado el 10-5-2003, en el nº 1.808 de Puerta de
Madrid
Actualizado el 13-9-2010