Los gigantes complutenses
Ayer y hoy de la comparsa cervantina



Sin duda, la perla de la comparsa de gigantes complutense es el grupo de gigantes cervantinos, aunque en realidad habría que definirlos más bien como quijotescos. Adquirida en 1974 a una empresa valenciana, está formada como es sabido por Don Quijote, Sancho Panza, el Bachiller, Dulcinea, el Duque y la Duquesa, a los que se sumaría en 2007 el gigante de Cervantes.

Aunque esos seis gigantes -de Cervantes poco hay que hablar aquí, al no pertenecer a la comparsa original- siguen existiendo hoy en día, 36 años después de su estreno, la verdad es que las sucesivas reformas y, en algunos casos, su desaparición, han motivado que el aspecto de los mismos sea bastante diferente del original en la mayoría de ellos.

Por esta razón quizá resulte interesante comparar fotografías antiguas, tomadas a poco de estrenarlos, con las actuales correspondiente a las ferias de 2010. Lamentablemente no dispongo de un material gráfico suficientemente bueno, tan sólo dos fotos. La primera es en color, y en ella aparecen cuatro de los seis gigantes de la comparsa: Don Quijote, Sancho Panza, el Bachiller y la Duquesa. Lamentablemente, carece de una buena definición.


Años setenta. De izquierda a derecha el Bachiller, Don Quijote, Sancho Panza y la Duquesa

La segunda es en blanco y negro, aunque de mejor calidad, y refleja a Dulcinea, los dos Duques, Gepeto y el desaparecido Negrito, al que no hay que confundir con el Negrazo.


Años setenta. De izquierda a derecha la Duquesa, Dulcinea, el Negrito, el Duque y Gepeto

En cualquier caso, y pese a la falta de calidad de una y de color de la otra, nos bastarán no obstante para realizar las comparaciones con un razonable grado de precisión.

Don Quijote (2010)

Comencemos con la pareja formada por Don Quijote y Sancho, y más concretamente con el primero de ellos. La cabeza, lo más importante, prácticamente no ha variado, aunque sí el cuerpo; el original tenía una estructura de hierro y una armadura asimismo de chapa de hierro, lo que hacía que fuera tan pesado que no hubo más remedio que colocarle unas ruedas... con lo cual perdía todo el encanto. Por esta razón, durante la restauración a que fue sometida la comparsa en 1996 se procedió a cambiárselo por uno mucho más ligero confeccionado en aluminio, lo que permitió poderlo volver a llevar a hombros. En cualquier caso su aspecto actual es muy parecido al original.

Segundo Sancho Panza (2010)

Con Sancho Panza ocurre todo lo contrario. Tras el abandono a que fue sometida la comparsa durante los años 80 el gigante original se acabó perdiendo, probablemente destrozado en alguna fiesta de barrio o de algún pueblo cercano, a las que se prestaban sin el menor control. El hueco fue llenado por un nuevo gigante representando al bueno del escudero, a principios de los años 90, por iniciativa de José Macías, entonces concejal de festejos. Por esta razón se trata de dos gigantes completamente distintos, no habiendo pues igualdad de estilo entre el Sancho Panza actual y el resto de la comparsa aunque, justo es reconocerlo, su calidad artística es innegable. En cuanto a si uno era mejor que el otro o viceversa, se trata ya de una cuestión de gustos personales.

El Bachiller (2010)

Pasemos al Bachiller. Este gigante a punto estuvo de correr la misma suerte que Sancho Panza, ya que según algunos testimonios orales llegó a ser colgado durante unas fiestas de barrio por algunos energúmenos anticlericales al confundirle con un cura. Por sorprendente que parezca, parece ser que fue verdad. El caso es que durante muchos años desapareció de la comparsa, y fue durante la restauración de 1996 cuando se encontró la cabeza arrinconada mientras el resto del cuerpo había desaparecido. Se rehizo éste último y se restauró la cabeza, sustituyendo la teja original, muy pesada y que al parecer lo desequilibraba, por la actual, más ligera. Si hacemos abstracción del cuerpo, la cabeza presenta hoy un aspecto bastante similar al original.

Dulcinea (2010)

Le llega el turno a Dulcinea, bastante más modificada no sólo en el cuerpo, que se le puso nuevo, sino en la cabeza, fruto de multitud de retoques a lo largo de los años. Fijémonos en la fotografía en blanco y negro y comparémosla con la actual; veremos que ésta está muy repintada de forma que se difuminan bastante los rasgos originales, mucho más sutiles.

El Duque (2010)

Sin embargo, los más cambiados, y no especialmente para bien sino todo lo contrario, han sido los dos Duques. Si contemplamos de nuevo la fotografía en blanco y negro y los comparamos con las actuales, vemos que los cambios en las cabezas -los cuerpos son asimismo diferentes- son radicales. Para empezar desaparecieron las dos coronas ducales, sustituidas por otras mucho más toscas que, en el caso de la Duquesa, parece más bien una especie de tiara.

La Duquesa (2010)

Pero no es esto lo peor. La expresión de las caras, excesivamente repintadas, es mucho menos realista y más, digamos, caricaturesca, remarcada por unos enormes ojos que parecen salidos de una serie de dibujos animados japoneses. Dicho con otras palabras, en vez de personas parecen muñecos. Al Duque le pintaron además una barba y una perilla inexistentes originalmente, y en lo que respecta a las cabelleras éstas han perdido toda la textura original convirtiéndose en unos pegotes. En definitiva, poco tienen que ver los actuales Duques con los originales, mucho que temo que fruto de toda una serie de desafortunadas ¿restauraciones?

Poco más es lo que tengo que añadir, salvo recordar aquello de “más vale una imagen que mil palabras”. Así pues, juzguen por ustedes mismos.

Publicado el 1-9-2010